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Jornada Mundial de la Juventud: un festival juvenil del amor

El próximo mes de enero Panamá recibirá visitantes de todo el mundo que vendrán a compartir con el Papa en un encuentro que promete llenar de nuevas experiencias a nuestro país.

Las unidades móviles de las televisoras estacionadas a la puerta del hotel eran evidencia de que algo inusual ocurría dentro. Al subir las escaleras, saltaba a la vista un letrero que decía “Santísimo”. ¿En el hotel Continental? Unos escalones más allá sonaban tambores congo. Era un ambiente de feria, con música y mesas de exhibición, pero allí nadie vendía nada. Sencillamente estaban mostrando un poquito de Panamá.

Jóvenes en camiseta se mezclaban con sacerdotes, mujeres en trajes sastre, y hasta con el mismísimo presidente del país. Era el segundo encuentro preparatorio para la Jornada Mundial de la Juventud, la última reunión internacional antes del gran encuentro juvenil que organiza la Iglesia católica cada tres años y que, del 22 al 27 de enero de 2019, será en Panamá. Esto significa que el papa Francisco pisará suelo panameño por cinco días, convirtiéndose en la segunda visita papal que acoge el país, después de la de Juan Pablo II en 1983, que fue de 10 horas.

Más de 200 personas de Jordania, Bangladesh, Bolivia, Cuba y 79 países más, hacían del salón una Torre de Babel, con intérpretes voluntarios traduciendo cada diálogo. Las preguntas iban desde requisitos migratorios hasta atención médica.

“La Jornada es una fiesta de alegría, un festival de amor, esperanza y alegría para jóvenes”, así lo describe Aura Ferrer, quien ‒pese a su trabajo diario en la banca y sus roles en juntas directivas‒, es una rueda que no deja de moverse dentro del Comité de Recaudación de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

“Cuando las personas ven a los jóvenes, el amor se irradia, y la felicidad se irradia, estás como borracho de alegría”, comenta. “Esta no es la jornada católica de la juventud, esta es la jornada de la juventud que organiza la Iglesia católica porque es de todas las congregaciones”.

Afuera del hotel, la ciudad seguía su ritmo regular, la vía España ardía en tráfico. La espiritualidad de los jóvenes no parece preocupar a muchos en la acera, pero aún así los voluntarios de la JMJ se afanan por lograr las metas en solo seis meses. Se necesitan 25 mil voluntarios, 10 millones de dólares y los jóvenes de Brasil manifiestan que quieren venir 10 mil.

Un pequeño anfitrión de gran corazón

Marcello, quien está asistiendo desde la primera jornada juvenil, con jóvenes de diferentes partes del mundo.

Panamá es el país más pequeño en extensión y cantidad de habitantes donde se ha realizado una JMJ. La Jornada celebrada en Manila, Filipinas, en 1995, fue inscrita en el libro Guiness de Records como “la reunión más grande en la historia”, porque reunió a cuatro millones de personas en el Parque Rizal. Eso es la población total de Panamá.

El país más pequeño donde se ha realizado una JMJ fue Polonia, que tiene una población cercana a los 40 millones de habitantes.

Sorprende entonces la decisión del papa Francisco, para quien esta será su tercera Jornada, la segunda en Latinoamérica y la primera en español, su idioma. Entonces, ¿por qué Panamá?

“Es un lugar no tradicional, donde no se esperaría. Eso es propio del papa Francisco que nos descoloca con sus opciones; opta por lo que para el mundo podría ser menor, pero seguramente a los ojos de Dios es muy querido y especial”, comenta el sacerdote brasileño Alexandre Awi, secretario general de la nueva congregación para los laicos en Roma. “Puede ser una opción como Nazaret o Belén, donde Dios eligió manifestar su salvación”.

“Vamos a América Central”, recuerda Marcello Bedeschi que dijo el papa Francisco. Y Bedeschi sabe de jornadas. El papa Juan Pablo II lo escogió para ser parte del grupo de cinco que creó las jornadas. Sin dejar su trabajo de economista público, ha sido voluntario en 14 jornadas y ya ha venido siete veces a Panamá para prepararlo todo.

“Precisamente, porque es pequeño y Dios ama a los pequeños”, es la explicación del sacerdote Joao Wilkes, responsable del sector joven del Vaticano. “Dios no mira la apariencia, mira el corazón. Panamá es un país pequeño pero tiene la vocación de unir. Con su nacimiento, cambia la historia de la humanidad. Con esta inversión en la juventud, Panamá puede cambiar el mundo”.

Sacerdote brasileño Alexandre Awi, secretario general de la nueva congregación para los laicos en Roma.

“Panamá no aplicó  solo”, insiste Aura Ferrer. “Las diócesis de Centroamérica y Panamá firmaron juntas una petición al Papa, competíamos contra Corea”. Para ella, tener a Panamá como sede, hace el encuentro accesible a jóvenes de países que antes no podían enviar más que 20 chicos a una jornada, y otros países, como Haití y Cuba, participarán por primera vez.

“Si viene uno que es tocado por la gracia de Dios, ya valió la pena”, dice el padre Wilkes. “Los que se registran en promedio son unos 250 mil a 300 mil, pero lo mejor sería prepararse para un millón de jóvenes”.

Bedeschi dice que celebrar la jornada en una ciudad pequeña no es novedad, pues también se hizo una en Santiago de Compostela, y que por ejemplo, cuando se escogió a Czestochowa, Polonia, solo había dos líneas de teléfono en la ciudad y no había señalizaciones en las calles.

Una donación para el espíritu

Ricardo Arango (a la derecha) sigue trabajando incansablemente como parte del equipo de recaudación. En la foto junto al sacerdote Joao Wilkes, responsable del sector joven del Vaticano, y a Gladys de Gerbaud, directora de la revista En Exclusiva.

A Ricardo Arango le toca la difícil tarea, junto a un equipo de personas comprometidas como él, de recaudar 10 millones de dólares para la JMJ, de los cuales llevan 4.5 millones recolectados. Como coordinador del comité de recaudación, realiza de una a tres visitas diarias a empresarios y compañías en busca de donaciones. Pese a no haber logrado el 50% a seis meses del encuentro, Arango, quien ha dirigido la campaña arquidiocesana, se mantiene optimista. “Este año hemos recolectado el doble de lo que se recolectó todo el año pasado, va in crescendo”.

Este encuentro, dice, beneficia a todos, empresas, país e incluso a los que no asistan. “El que no es muy espiritual, ve el beneficio económico. Esto le va a costar a Panamá 40 a 50 millones de dólares y le va a dejar 300 millones. Todos los hoteles ya están llenos, todos los restaurantes van a estar llenos”.

Van a venir 15 mil voluntarios adultos, un estimado de 4 mil periodistas del mundo, que proyectarán imágenes de Panamá en 190 países, fortaleciendo la marca país. “El Papa llega dos días a Perú y el derrame económico es de 80 a 90 millones de dólares”, y en Panamá, el Papa estará cinco días y con él llegarán más de 200 mil personas. Los cálculos para Arango son alentadores.

Pero el mayor beneficio, según él, no está en los números. “Este es el antídoto más efectivo que podemos tener contra el juega vivo, la coima, la trampa, el despilfarro, crear conciencia de que así no vamos por buen camino, esto es insostenible”, dice de la carencia de valores éticos.

Los que vendrán…

Todos los sábados y domingos Rynella Mock se traslada desde Arraiján al Arzobispado de Panamá para ensayar en el coro de la JMJ.

“Tengo bastantes amistades que no creen en Dios, por ello, espero que la JMJ les toque el corazón a bastantes personas y transforme los corazones, especialmente de los jóvenes que no van a la iglesia”, dice la joven de 18 años, de la parroquia San José de la Dolorosa de Vista Alegre, Arraiján.

“Cuando le dije a mi abuela que había pasado las audiciones, ella se puso a llorar”. Cuenta que la familia entera se alegró.

Cree nulo su chance de conocer al Papa. “Pero sí me gustaría poder tenerlo cerca y que sepa que existimos. Francisco siempre es de hablarle a los jóvenes y en las iglesias, generalmente, no se dirigen a los jóvenes, todo está a cargo y dirigido para las personas más adultas. Siento que no se nos permite ser como realmente somos, sino que tal vez se nos reprime un poco. El Papa siempre nos exhorta: ‘Hagan líos’, pero siempre con Dios de por medio”.

Mientras tanto, Aura Ferrer les pregunta a sus conocidos: “¿No me puedes patrocinar a un muchacho del interior? “Estoy concentrada en conseguir personas que me patrocinen muchachos de grupos juveniles en el interior. Tenemos alrededor de 80 mil muchachos que quieren venir de Tortí, El Valle de Antón, Mariato, Los Castillos de Río de Jesús… Quisiéramos que no se quedara ninguno por fuera”, y para esto existe el Fondo peregrino.

“Todos aquellos que manden sus hijos a la jornada, van a tener un cambio en esos pela’os, un cambio en su casa. Del cambio en su casa, va a cambiar su trabajo, porque ese amor se irradia”, dice Aura.

Para el sacerdote Wilkes, esa energía de los jóvenes transformará también a los adultos. “Los jóvenes te cambian siempre, no puedes comunicarte con ellos sin al menos intentar con todas tus fuerzas ser honesto. No puedes hablar con ellos y vivir una falsedad”.

Para Ferrer, es triste cuando personas le preguntan cuándo será la Jornada para salir de Panamá. Para ella, es una fiesta que nadie debe perderse.

“Que alguien me diga que se va, cuando tantos quieren venir. La oportunidad es así. Está y te toca a ti tomar la decisión de ir. Muchos son los llamados y pocos son los elegidos. La jornada está llamando a todos los panameños para que participen”.

Fotos: Carlos Carrillo y cortesía de la JMJ Panamá

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Ileana Pérez Burgos

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