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St. Andrews, hogar del golf

El deporte del golf debe a Escocia el inicio del juego tal y como lo conocemos hoy en día, sus reglas, su organización y su continuidad.

Laurie Rae, curador sénior del Museo Británico del Golf, frente al edificio del Royal and Ancient Golf Club de St. Andrews.

Es un día frío y lluvioso en St. Andrews. El mar del Norte baña con violencia las playas de la ciudad escocesa y el viento alborota el peinado y le da la vuelta al paraguas. Pero en este día gris y desapacible, el verde reluciente de la hierba del Old Course, probablemente el campo de golf más antiguo del mundo, se extiende como un manto de luz e invita a quedarse bajo la lluvia y contemplarlo.

Ubicada en la costa este de Escocia, St. Andrews debe su reconocimiento internacional a dos antiguas instituciones: su universidad y sus campos de golf. Fundada en 1413, la Universidad de St. Andrews se convirtió en la primera institución educativa de alto rango académico en Escocia y lleva seis siglos educando a generaciones de estudiantes. Seis siglos es también el tiempo que los habitantes de Escocia llevan practicando el golf y para muchos golfistas jugar, y ganar, en el Old Course supera cualquier otro honor.

“Ganar en St. Andrews es lo máximo”, fueron las palabras de Tiger Woods en el año 2000 cuando recibió el Claret Jug, la jarra de plata que se otorga al ganador del Abierto de Golf Británico, uno de los cuatro torneos más importantes del circuito masculino internacional. El golfista estadounidense repitió victoria en el Old Course en el 2005 cuando el abierto británico volvió a la ciudad.

“A St. Andrews se le conoce en el mundo entero como el hogar del golf y ello se debe a que el golf, tal y como se juega hoy en día, evolucionó aquí”, dice Laurie Rae, curador sénior del Museo Británico del Golf, un edificio dedicado a la historia del deporte que se encuentra a unos pasos del Old Course.

“Las primeras reglas se redactaron en Edimburgo en el siglo XVIII, pero ya en el siglo XVII St. Andrews era conocida como la metrópolis del golf”, añade Rae.

Orígenes inciertos del golf

El emblemático puente de Swilcan se ha convertido en uno de los elementos más reconocibles de los links de St. Andrews. Ubicado en el Old Course, el pequeño puente de arco romano fue construido hace siete siglos para permitir el paso de pastores y rebaños.

Los datos históricos señalan que el Old Course empezó a ser utilizado para jugar al golf en algún momento del siglo XV. A partir de allí se fueron añadiendo otros seis campos –el último fue inaugurado en el 2008– que en su conjunto se conocen como los “links” de St. Andrews.

Los siete campos, que todavía hoy conservan el carácter público otorgado por las autoridades de la ciudad en 1552, se han desarrollado en un área conocida históricamente como los “links” (enlace, vínculo), término que en la jerga de este deporte se refiere al estilo de campo de golf más antiguo, diseñado y mantenido por la naturaleza. Los “links”, ubicados cerca de la costa, constituyen una franja estrecha de terreno localizada entre la tierra cultivable y la playa, y que se caracteriza por sus dunas y su terreno ondulado, su suelo arenoso y sus matorrales, y también por la escasez de fuentes de agua y de árboles.

El Abierto Británico de Golf se juega tradicionalmente en campos de golf del Reino Unido ubicados en “links”, áreas que, se cree, podrían haber servido como escondite a aquellos primeros golfistas que durante la prohibición real que imperó en Escocia entre 1457 y 1502, buscaban un lugar retirado en el que seguir jugando sin ser amonestados. Aparentemente, el juego había alcanzado tal nivel de popularidad en la región, que sucesivos reyes escoceses sintieron la necesidad de prohibirlo –junto con el fútbol– como una forma de evitar distracciones de la práctica del tiro al arco, actividad que estaba más acorde con las prácticas militares de la época en que Escocia e Inglaterra libraban constantes batallas entre sí.

También es muy probable que fuera en los “links” escoceses donde se desarrollara el sistema que prevalece hasta nuestros días, y que hoyos y banderas fueran utilizados como nuevos objetivos, a falta de los blancos naturales que debían alcanzarse con la pelota en un tipo de juego más corto, similar al “kolf” que se jugaba en los Países Bajos, pero que también resultaba más peligroso porque se practicaba en espacios públicos, como los patios de las iglesias.

Durante varios siglos, las autoridades religiosas también prohibieron jugar al golf los domingos y la reina María I de Escocia (también conocida como María Estuardo) fue acusada por sus enemigos políticos de jugar al golf inmediatamente después del asesinato de su segundo esposo, Lord Darnley, en 1567. Un conocido historiador de la época también escribió que María había practicado deportes que “eran claramente inapropiados para las mujeres”.

Gracias a los documentos en los que el juego básicamente se prohibía o se condenaba a aquellos que lo practicaban, hoy en día nadie duda de que el golf adquirió en Escocia su forma actual. Sin embargo, el verdadero origen del golf –quién, dónde y cuándo lo jugó por primera vez– es un tema ampliamente debatido.

“Creo que [el misterio sobre el origen del golf] nunca se va a resolver”, señala Laurie Rae. “En la Edad Media el golf era uno de los muchos juegos que involucraban pelotas y palos, no solo en Europa sino también en Asia. Golpear una bola con un palo no es una idea inusual”.

Objetos e historia

Una pelota de golf hecha por un prisionero durante la Segunda Guerra Mundial, un palo de golf fabricado en 1848 y una pelota de plumas cubierta con cuero son algunos de los objetos ligados a la historia del deporte que se exhiben en el Museo Británico del Golf, en St. Andrews.

Afortunadamente, no es necesario ser un amante de los deportes para apreciar la historia de este juego que debe a Escocia su desarrollo y continuidad, ni un experto en golf para apreciar los maravillosos objetos que están ligados a su evolución.

El Museo Británico del Golf cuenta la historia de algunos de los primeros jugadores de golf profesionales, quienes, ni reyes ni nobles, eran en realidad los artesanos y herreros que fabricaron las pelotas y palos de golf utilizados en la primera mitad del siglo XIX. En exhibición se encuentran muestras de las pelotas de cuero rellenas de plumas –de gallina o ganso– fabricadas por Allan Robertson, considerado uno de los pioneros del golf profesional, así como bolas de gutapercha, hechas con el látex que se obtiene de árboles nativos del archipiélago malayo, y que sustituyeron a las escasas y costosas pelotas de plumas.

Una pelota de golf hecha por un prisionero durante la Segunda Guerra Mundial y palos de golf hechos en África del Sur con materiales reciclados como hierro y madera, son objetos ingeniosos que también despiertan curiosidad.

“Esencialmente, el golf ha permanecido inalterable durante los últimos cuatro o cinco siglos. Las reglas se han expandido y se han hecho más complejas a medida que el juego fue madurando, pero el objetivo siempre ha sido el mismo: meter una pelota en un hoyo”, dice Rae. “De allí que la gente [que visita el museo] reconozca en las bolas y los palos de golf antiguos el mismo juego que ven hoy en día”.

Una pequeña vitrina exhibe la corta historia del golf como deporte olímpico. A pesar de su popularidad en Europa y Estados Unidos, el golf solo ha sido incluido en los Juegos Olímpicos de París de 1900; en los juegos de St. Louis, en 1904, y en los juegos de Londres de 1908, aunque de estos el golf fue retirado a último minuto aparentemente porque la mayoría de los jugadores había rellenado sus formularios de manera incorrecta.

Pero en el 2016, el golf volverá a ser un deporte olímpico durante los juegos de Río de Janeiro. Rae dice que la inclusión en las próximas olimpiadas es positiva pero habrá que ver cuál será el impacto que tendrá en la percepción de las regiones del mundo en las que el juego todavía se encuentra ”en fase de desarrollo“.

De vuelta en St. Andrews, la lluvia ha dejado de caer. Los golfistas que han reservado el Old Course esta tarde se concentran alrededor del hoyo 18, mientras que un grupo de turistas espera con impaciencia el final del juego para hacerse con el campo de golf. El juego termina y, cámaras de fotos en mano, los visitantes entran en acción. Posan y sonríen. Están en St. Andrews, el lugar donde sigue viviendo el golf.

Datos curiosos

  • La idea de construir el primer campo de golf de Panamá se discutió por primera vez durante una reunión llevada a cabo el 12 de julio de 1922, y en la que participaron aficionados estadounidenses, trabajadores de la Zona del Canal y un número plural de panameños. El trabajo de estos pioneros dio sus frutos diez años después cuando se inauguró el Club de Golf de Panamá (hoy Parque Recreativo Omar) en la vía Porras.
  • El golf es el único deporte que se ha jugado fuera de la superficie terrestre. Bueno, casi. Durante la misión del Apolo 14 a la Luna, en 1971, el astronauta Alan Shepard, quien había escondido un palo y pelotas de golf en su traje, dio dos golpes enviando las bolas “a millas y millas de distancia”, según sus propias palabras, antes de volver a la Tierra.
  • En 1933, Gloria Minoprio fue la primera golfista en presentarse a jugar utilizando pantalones en un campeonato femenino. Si bien las mujeres practicaban el golf desde el siglo XIX, estaban obligadas –en nombre del decoro y las buenas costumbres– a llevar una incómoda vestimenta que incluía no solo faldas sino corbatas, corsé y grandes sombreros.
  • Aunque las reglas del golf fueron establecidas en Escocia en 1744, el Club de Golf de Richmond se permitió la libertad de añadir variaciones durante la Segunda Guerra Mundial, en caso de que una bomba cayera en medio de un juego: las metrallas debían ser recogidas del campo para no estropear las cortadoras de césped y las pelotas perdidas a causa de fuego enemigo podrían ser reemplazadas sin que el jugador fuera penalizado.

Fotos:
Atlantide Phototravel / Corbis / Latinstock México
Eva Aguilar
Ken Jack / Demotix / Corbis / Latinstock México
Imágenes proporcionadas y reproducidas con autorización del Royal and Ancient Golf Club de St. Andrews
* Este artículo fue publicado originalmente en la edición de diciembre 2013.
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Eva Aguilar

Eva Aguilar es periodista y su especialidad es la divulgación científica. En Panamá trabajó en el diario La Prensa y en la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT). En los últimos diez años ha trabajado como colaboradora independiente para revistas y portales de internet de Panamá, España y el Reino Unido. Actualmente vive en Dundee (Escocia).