Decoración

El Palacio de las Garzas

Luego de que la antigua ciudad de Panamá, primer desarrollo urbano europeo sobre las costas del Mar del Sur, sufriera el saqueo y la destrucción por parte de piratas ingleses, a cargo de Henry Morgan, en 1671, las autoridades coloniales, con la aprobación de la Corona, toman la decisión de trasladar la ciudad al lugar llamado, en ese entonces, “Sitio del Ancón”, por considerarlo un área más protegida y, por lo tanto, más segura para sus habitantes. Allí empieza la historia de lo que es, hoy en día, la Presidencia de la República.

Una sede diferente, reflejo de nuestra cultura
El hecho de que en la nueva ciudad de Panamá la edificación más importante, por su dimensión y presencia urbanística, fuera la Aduana –posteriormente Casa de Gobierno-, frente a la puerta del mar, determinaría, ya en nuestra historia republicana, la elección de este edificio para acoger la Presidencia de la República.

En contraste con las edificaciones presidenciales de otras ciudades de América Latina, siempre ubicadas en torno a la Plaza Mayor o Plaza de Armas, la de Panamá tuvo, desde el inicio, un estilo y ubicación únicos. En opinión de la Dra. Ana Elena Porras, esto da testimonio de la historia diferenciada de Panamá como ruta interoceánica principal entre América y Europa, lo que a su vez explica y construye la identidad singular de los panameños, desde la época colonial, esa “cultura de la interoceanidad” que nos distingue (predominantemente comercial, moderna, tolerante, flexible, diversa y cosmopolita).

Volviendo al edificio que originalmente albergó la Aduana, algunos cambios se le realizaron a este monumento histórico desde que allí se instalaran las oficinas gubernamentales coloniales, en 1677. Pero la remodelación que transformó de forma importante el edificio ocurrió cuando, en 1922, el Dr. Belisario Porras comisionó al arquitecto Leonardo Villanueva para que diseñara y dirigiera las remodelaciones del Palacio Presidencial, decidiéndose proporcionar al antiguo edificio, de corte colonial, un estilo arquitectónico más contemporáneo, siguiendo los estándares de la arquitectura española de la época.

A través de los años, nuevas modificaciones se han realizado al edificio, como se puede observar en el área de habitación de los jefes de estado, así como en los edificios adyacentes que han sido integrados al Palacio, siempre guardando cuidadosamente la estructura original de la fachada.

Un recorrido exquisito y lleno de historia
Desde una pequeña plazoleta, ubicada al frente del Palacio, se puede apreciar por completo el frontis principal del hermoso inmueble, donde grandes ventanales, rodeados de balcones con barandales de hierro, permiten el paso de luz natural a los recintos ubicados al frente del edificio.

Entramos al Palacio a través de grandes portones de hierro que protegen la edificación. Una vez situados en el pequeño vestíbulo, percibimos la luminosidad proveniente del patio interno, representativo de la arquitectura del sur de España. Inmediatamente, interesantes elementos, que deben ser apreciados detenidamente, atraen la atención del visitante: las columnas perimetrales que soportan los arcos típicamente moriscos, con incrustaciones de concha nácar de las islas de las Perlas; y la pequeña fuente, en área central del recinto, que brinda una cadencia relajante y que es el lugar preferido de las garzas que, orgullosamente, se pasean por el Patio Andaluz. Según indica el Dr. Conte Porras en el libro “El Palacio de las Garzas” (obra publicada por la Primera Dama, señora Dora Boyd de Pérez Balladares) las garzas, que dan el nombre al Palacio Presidencial como Palacio de las Garzas, fueron traídas del Darién por el poeta Miró, como regalo al Dr. Belisario Porras.

En eje con el centro de la pileta, una elegante escalera de mármol, iluminada por una elaborada lámpara de hierro forjado, dirige al visitante a la primera planta del inmueble. Al igual que en la planta baja, columnas perimetrales revestidas en concha nácar bordean el balcón interno, soportando arcos de estilo morisco, con nichos estratégicamente ubicados, que exhiben hermosas figuras de bronce, traídas de Génova, Italia, las cuales representan: la constancia, el deber, la justicia, la ley y el trabajo. Esta sección del Palacio está reservada para salones de recibo y trabajo utilizados por los Presidentes y las Primeras Damas durante las funciones de Estado.

El Salón Amarillo
Como primer recinto encontramos el Salón Amarillo, habitación utilizada principalmente para actos oficiales de la Presidencia. Este teatral salón, de lustrados pisos de madera y rica decoración en tonos dorados, presenta en el contorno de sus paredes un friso con los retratos de nuestros gobernantes desde 1855. Adicionalmente, bordea esta franja de personajes ilustres una impresionante moldura, sobre la que podemos observar simbólicas escenas de nuestra historia, remontándonos al descubrimiento del Istmo por Rodrigo de Bastidas. En los cielos, dos magníficos rosetones enmarcan imágenes relacionadas al nacimiento de la República, grandioso trabajo pictórico realizado por el reconocido pintor nacional Roberto Lewis. Una lámpara de cristal que cuelga del centro del Salón brinda un espectacular brillo a la sala. Al fondo de la estancia, apreciamos el escritorio Luis XV, de estilo semejante a todo el mobiliario que engalana este aposento, y que es empleado por el Presidente de la República en los actos oficiales.

El Comedor Principal o Salón de Los Tamarindos
Adjunto al Salón Amarillo encontramos el Comedor Principal, de gran sobriedad y elegancia, por la calidez que provee la caoba empleada en su forma natural. Los relucientes pisos, al igual que en el Salón Amarillo, son de madera, pero con un tratamiento diferente en su diseño. Los muros, empapelados de forma parcial en madera preciosamente elaborada y barnizada, son coronados por formidables jambas decorativas con detalles dorados que dan luz y resaltan ampliamente el fondo oscuro de la madera charolada, procurando un elegante terminado a las puertas y ventanales de la sala.

Durante el período presidencial del Dr. Juan Demóstenes Arosemena, se le encomendó al pintor Lewis ornamentar, también, el Comedor Principal, y fue la hermosa isla de Taboga y los frondosos tamarindos de la playa de la Restinga los que sirvieron de inspiración al artista para realizar esta maravillosa obra alegórica que reviste las paredes del recinto. Es, precisamente, por la presencia de estos típicos árboles en la decoración, que el Comedor Principal también es conocido como el Salón de Los Tamarindos. Un detalle curioso que ha sido plasmado en uno de los murales es el retrato de Doña Malvina, esposa del Presidente Arosemena, y sus hijos, disfrutando amenamente en las playas de la isla. Los cielos, revestidos en madera ricamente trabajada con artesones, se presentan aún más evidentes gracias al uso de tonos dorados aplicados a ciertos detalles que, junto a las lámparas de cristal, brindan un interesante juego de volúmenes.

Un jardín interior y mucho más…
Del Comedor Principal salimos a un jardín interior que, además de permitir la entrada de luz natural a los recintos, ofrece una agradable sensación de frescura a la estancia, proporcionada por el encantador sonido de la fuente de agua, el brillo en el follaje de las hermosas plantas verdes que la atavían, así como también por el ligero movimiento de los grandes helechos que caen desde el balcón perimetral del segundo piso, área de la residencia presidencial. Desde este patio Andaluz, divisamos al fondo las oficinas privadas del Presidente de la República.

En esta sección del Palacio encontramos el Salón Blanco, habitación donde la Primera Dama recibe a los visitantes especiales y que también está bellamente decorado con muebles estilo Luis XV. Un pasillo nos guía al salón habilitado para el Consejo de Gabinete. Al ser éste un recinto de trabajo, es de estilo más austero, manteniendo siempre la elegancia y solemnidad que caracteriza todo el Palacio Presidencial. Las paredes tienen paneles, en su parte inferior, con tableros de madera y, en su parte superior, con un rico revestimiento en tonos crema. Los cielos están trabajados con desniveles y molduras en madera barnizada, que le brindan un refinado y sobrio acabado a esta área de reuniones.

Nuevamente nos dirigimos hacia el área del patio interior, donde se encuentran las oficinas del Presidente de la República, que están formadas por una antesala o sala de espera, luego el despacho del mandatario y, finalmente, la biblioteca. Esta área del Palacio está ubicada en la parte frontal del edificio, por lo que goza de una maravillosa vista a la Bahía de Panamá. Desde aquí se domina visualmente toda la nueva y cosmopolita ciudad Panamá. Al igual que en otros recintos, los pisos son de madera. Las paredes de la antesala y del despacho presidencial llevan en un friso los retratos al óleo de los antiguos gobernantes, igual como habíamos observado anteriormente en el Salón Amarillo. Los cielos del despacho presidencial presentan detalles de tipo trompe l’oeil en acabado marmolizado. Los grandes ventanales están ataviados por exquisitos cortinajes y el mobiliario de estas salas es de elegante estilo y gran sobriedad.

La residencia de los presidentes
El segundo alto del Palacio Presidencial acoge los recintos privados del mandatario en función y es decisión privativa de cada uno si reside o no en estos aposentos. Algunos de los últimos mandatarios han ocupado el área de la residencia en forma parcial, pero no de forma definitiva. En esta sección del palacio se encuentra el fascinante Salón Morisco, joya arquitectónica y de decoración que, como su nombre lo indica, es una sala ricamente decorada siguiendo el estilo muzárabe propio del sur de España. Al formar parte del ala de habitación de los presidentes, este encantador tesoro, lamentablemente, no puede ser visitado por el público durante el recorrido que, previa cita, realizan los bien entrenados guías por la Presidencia.

Al salir de la Presidencia, lo hacemos orgullosos de tener en nuestro país una edificación tan maravillosa. La observamos, nuevamente, desde la pequeña plazoleta situada al frente del edificio satisfechos, como muchos panameños, porque además de su elegancia y rica decoración, es una joya arquitectónica que ha sido fiel guardiana de nuestra historia colonial y republicana, y que, silenciosamente, muestra al mundo nuestra herencia cultural.

Fotos: Alfredo Máiquez
Fotos del segundo alto: Cortesía de la Presidencia

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