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Londres, la ciudad que lo tiene todo

Su nombre evoca una incontable cantidad de imágenes distintas, desde los clásicos autobuses o el Big Ben hasta la efervescencia de sus calles, las construcciones futuristas o los cientos de museos que posee, pero nada de lo imaginable se compara con la sensación de llegar a Londres y descubrir una ciudad que parece pensada para satisfacer todos los gustos.

Londres es una ciudad en la que la máquina del tiempo parece haberse averiado, de modo tal que el pasado y el futuro se mezclan irremediablemente.  Quienes llegan a la capital del Reino Unido atraídos por el Big Ben, el legendario Tower Bridge o los autobuses rojos de dos pisos, descubren una metrópoli en la que modernos edificios e infraestructuras urbanas se mezclan con los testimonios de su historia, a orillas de un río que se mantiene como testigo del espíritu invencible de la ciudad: el Támesis.

El contraste no se queda sólo en la arquitectura, pues al recorrer las calles el visitante puede escuchar una variedad inusitada de lenguas, ver gente de todos los tipos raciales, degustar la gastronomía de casi cualquier rincón del mundo o apreciar desde las más importantes colecciones de arte antiguo hasta lo último del arte contemporáneo.

Pero antes de perderse en la inmensidad de una ciudad con más de siete millones de habitantes, dos mil años de historia y que tiene atracciones para todos los gustos, es conveniente ir al sitio donde todo empezó.

The City es como se conoce a la zona más antigua de la ciudad. Esa denominación surgió porque al principio los límites de Londres eran mucho más estrechos y lo que ahora son barrios y distritos fueron por muchos siglos pueblos bien diferenciados. Lo curioso es que en este lugar, actual centro financiero de la ciudad, también se encuentran los edificios más modernos, erigidos sobre las ruinas que dejaron los bombardeos alemanes de la II Guerra Mundial.

Al inicio de The City, a la salida de la estación del metro Tower Hill, nos encontramos con la famosa Torre de Londres.  Sus monumentales murallas esconden historias terribles, como la desaparición de los dos hijos de Eduardo IV, a quienes el tío de los herederos, Ricardo de Gloucester, había encerrado previamente. Son famosas también las decapitaciones, entre ellas la de Ana Bolena, segunda esposa de Enrique VIII y madre de la reina Isabel I.

En sus casi diez siglos de existencia, la Torre ha pasado de fortaleza militar a cárcel, a residencia real y a ser un interesante atractivo turístico, donde además se pueden apreciar una muestra de las Joyas de la Corona Británica.  La pieza estelar de la colección es, sin duda, el cetro real, que posee el diamante más grande del mundo.

Aunque la Torre es un complejo amplio de edificios, será difícil que al salir alguien tenga deseos de descansar, pues justo al lado se encuentra nada menos que el Tower Bridge, otro de los emblemas londinenses por excelencia.  Imposible no tomarse más de una foto en esta obra de ingeniería de finales del siglo XIX.

No se sorprenda cuando, desde el puente, vea un barco de guerra anclado en el río.  Se trata del HMS Belfast, que tras la II Guerra Mundial y la Guerra de Corea, se convirtió en museo flotante y testimonio de la supremacía naval británica.

En busca de la historia
Para hacerse una idea de cómo se forjó esta ciudad, lo ideal es visitar el Museum of London. Entre sus galerías, el visitante descubrirá tesoros prehistóricos y evidencias de los acontecimientos más recientes.

Al salir del museo, una corta caminata por la calle St. Martin Le Grand nos lleva hasta la Catedral de San Pablo, un templo sencillamente impresionante tanto por su tamaño como por su estética barroca. Basta mencionar que ostenta la segunda cúpula más grande del mundo, precedida sólo por la de San Pedro, en el Vaticano.

El edificio original era de madera, pero tras el incendio de 1666 fue necesario reconstruirlo por completo, para lo cual se designó al arquitecto Christopher Wren, quien logró terminarlo en 1710. Desde entonces ha sido escenario de acontecimientos como la boda del Príncipe de Gales con lady Di y los funerales de Winston Churchill.

Al otro lado del Támesis, conectado visualmente a la catedral por el Millenium Bridge, se encuentra un edificio al que es indispensable entrar si se cumple con el requisito de ser amante del arte moderno y contemporáneo.

Se trata de la Tate Modern, una galería con cinco pisos destinados a la exhibición de una de las más importantes colecciones de arte del siglo XX en el mundo. Picasso, Matisse, Andy Warhol, Dalí, Rothko, Pollock: será difícil mencionar alguna figura de las llamadas vanguardias que no se encuentre representada en la Tate.

Y para los que no se sienten atraídos por estas corrientes, hay otra buena razón para cruzar el umbral de la que fuera, hasta 1981, la estación eléctrica de Bankside, pues desde los ventanales de los pisos cuarto y quinto se observa una de las mejores vistas fotográficas de la catedral con el Millenium Bridge.

La zona más inglesa
Para encontrar la parte más clásica de Londres, de donde provienen la mayoría de sus postales, habrá que visitar la zona de Westminster, que es el centro político de la ciudad desde hace casi diez siglos. Sus edificaciones más famosas son, indudablemente, el Palacio de Buckingham, la Abadía de Westminster y The Houses of Parliament.

¿Quién no piensa en el Big Ben cuando se habla de Londres?  Las campanadas de este reloj son tan populares entre los londinenses que hasta la BBC las transmite diariamente, y claro, si pasa aquí más de cinco minutos notará que pocos turistas resisten la tentación de mirar sus relojes cuando están frente a la famosa torre del Parlamento.

La Iglesia Colegiata de San Pedro de Westminster, mejor conocida como la Abadía, es famosa sobre todo por las ceremonias de coronación y más recientemente porque ahí se desarrollaron los funerales de Diana de Gales.  No obstante, en sus muros se encuentra una compleja herencia arquitectónica que los ingleses, incluso los agnósticos, reconocen como un signo de identidad.

Antes de disponerse a caminar hasta el Palacio de Buckingham para ver el cambio de guardia o a Trafalgar Square, donde se encuentra la National Gallery, sería bueno cruzar el Támesis y subir al London Eye.  Esta rueda de la fortuna, de 135 metros de diámetro, le permitirá corroborar que Londres no es una ciudad para recorrer a pie.  Las distancias son tan extensas que al segundo día de visita estará pensando en hacer cena de carbohidratos, como los atletas antes de un maratón.

La ciudad de los museos
Que en Londres haya cerca de trescientos museos y galerías es al mismo tiempo una ventaja y una desventaja para el turista.  La ventaja es, claro está, que hay para todos los gustos, desde el Design Museum, donde se pueden ver lo último de diseño internacional, hasta la National Gallery que contiene más de 2,200 pinturas.  La desventaja es que por la cantidad de recintos y la gran capacidad de la mayoría de ellos es imposible disfrutarlos plenamente todos, a menos que se quede a vivir ahí.

Lo recomendable para sacar el mayor provecho posible en un viaje turístico es consultar la lista de los más importantes o peculiares y elegir los que le interesen.  Luego conviene comprar la guía del museo para identificar cuáles son las obras o secciones que más desea ver y en qué parte del museo se encuentran.

Entre los de visita obligada se cuentan el British Museum, Tate Britain, National Gallery, Natural History Museum, Science Museum, Victoria and Albert Museum, Museum of London y Tate Modern.  Ir a Londres y no pisar al menos dos de estos lugares es como no haber ido.

El ocio como tarea
Aunque los viajes turísticos son por definición viajes de ocio, en Londres esta palabra cobra un sentido distinto, porque aquí es prácticamente una tarea asistir a algunos de los acontecimientos y lugares clave del tiempo libre.

Si tiene dudas, recuerde que Londres es una de las más importantes capitales del teatro, la ciudad de la Royal Opera House, de los festivales culturales de verano, del arte en la calle, de las tiendas de lujo, de los parques apacibles incrustados en el bullicio citadino, de las luces de neón de Piccadilly Circus, de los mercados de Covent Garden, de los cines y bares de Leicester Square.

Si al terminar su estancia en la capital del Reino Unido siente que los días se fueron volando, que las horas se escurrieron como agua entre los dedos y que no pudo ver todo lo que quería, no se preocupe, es una sensación que el escritor Samuel Johnson resumió en el siglo XVIII: “Cuando un hombre está cansado de Londres, está cansado de vivir; porque todo lo que la vida puede ofrecer está en Londres”.

Fotos:
Cortesía de la autora

 Antes de salir de casa

Es imposible hacer una buena visita a Londres en menos de una semana, de modo que si viaja por primera vez es conveniente que se tome su tiempo.  Si dispone de al menos 15 días, podrá aventurarse a conocer otros atractivos en las afueras de la ciudad, como el Castillo de Windsor, nombre de la actual familia real.
Es importante revisar los horarios de todos los monumentos y recintos, para no cometer el error, por ejemplo, de llegar a la Catedral de San Pablo a las 3:30 p.m., cuando la hora de cierre es a las 4:00 p.m.
Si bien es cierto que Londres es la ciudad más cara de Europa, hay que considerar que una parte importante de los sitios de mayor atractivo son gratuitos, incluso los grandes museos.  También se ofrecen actividades culturales al aire libre o de entrada gratuita, principalmente en los festivales.
La oferta gastronómica es lo suficientemente amplia para abarcar todos los gustos y presupuestos.  Una comida completa puede costar de cinco a diez libras, en los sitios más económicos.  Y si busca un tentempié para varias horas puede optar por la comida árabe, los kebabs proliferan por toda la zona de West End y pueden costar de una a dos libras.
El underground es una de las formas más efectivas para movilizarse.  Comprar pases de uno o más días reduce el costo.
Para contar con información actualizada y detallada para el planeamiento del viaje, puede visitar las páginas de Internet www.visitbritain.com y www.visitlondon.com donde encontrará todo lo relacionado con precios, descuentos, horarios y otros pormenores.
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Zoraida Chong