Cuerpo y Alma

¿Cómo saber si sufro de ansiedad?

Entre los desórdenes emocionales, los trastornos de ansiedad son los más comunes y afectan a millones de personas alrededor del mundo. Los individuos que sufren de ansiedad sienten una angustia excesiva, un temor o una molestia en situaciones que resultan normales para la mayoría delas personas.

Usualmente, la ansiedad es parte del sistema de alarma de nuestro organismo y nos avisa de un peligro inminente o nos da la energía necesaria para completar una tarea específica. Sin embargo, quienes sufren de un trastorno de ansiedad experimentan una angustia o molestia tan debilitantes que su productividad –laboral o escolar– y su calidad de vida se reducen dramáticamente.

De no ser tratadas adecuadamente, las personas con trastornos de ansiedad tienden a evadir situaciones que provocan o empeoran los síntomas, son más propensas a sufrir de depresión y, además, es posible que abusen del alcohol y otras drogas para aliviar los síntomas, creando un círculo vicioso difícil de romper.

Existen diferentes tipos de trastornos de ansiedad:
Trastorno de pánico
El síntoma central del trastorno de pánico es el ataque de pánico, una combinación abrumadora de sufrimiento físico y psicológico. Durante el ataque, la persona puede sentir falta de aire, sensación de atragantamiento, de desmayo, sudoración excesiva, mareos, dolor en el pecho, temor a volverse “loco”, a morirse de un infarto al corazón u otra enfermedad, escalofríos y adormecimiento de la piel, entre otros.

Trastorno de ansiedad generalizada
La persona sufre tensión severa y continua que interfiere con su desempeño diario. Se preocupa constantemente y se siente incapaz de controlarse. Con frecuencia la preocupación se centra en responsabilidades laborales, en la salud de la familia o en asuntos triviales. Es posible que tenga dificultad para dormir, tensión y dolores musculares, temblores en el cuerpo, debilidad y dolores de cabeza, irritabilidad, problemas para concentrarse y trabajar de manera eficiente.

Las fobias
Una fobia es un temor excesivo y persistente a un objeto, situación o actividad específica. Estos temores provocan tal sufrimiento que algunas personas llegan a extremos para evitar aquello que temen, lo cual interfiere con sus actividades diarias. Los principales tipos de fobia incluyen:

Fobia simple: temor excesivo a un objeto o una situación que normalmente no es dañino –por ejemplo, el miedo a volar–.
Fobia social: ansiedad e inquietud significativas acerca de avergonzarse o a ser menospreciado en público.
Agorafobia: temor a encontrarse en situaciones donde el escape puede ser difícil o vergonzoso. Sin tratamiento, una persona podría incluso negarse a salir de su casa.

Trastorno obsesivo-compulsivo
Las obsesiones son pensamientos o imágenes mentales recurrentes de naturaleza perturbadora e irracional –por ejemplo, preocupación por la suciedad o los gérmenes, dudas persistentes–. Las compulsiones son comportamientos repetitivos dirigidos a minimizar dichas obsesiones –por ejemplo, lavarse las manos repetidamente, verificar cosas (ventanas, cerraduras) y tener reglas de orden rígidas–.

Trastorno de estrés postraumático
El trastorno de estrés post-traumático ocurre en individuos que han sobrevivido a una situación aterradora, física o emocional, en la cual la vida o la integridad propia o de personas cercanas estuvo en riesgo grave. Las personas que lo sufren pueden tener pesadillas recurrentes, pensamientos molestos o incluso escenas retrospectivas en donde
el evento parece suceder nuevamente.

Las causas definitivas de los trastornos de ansiedad aun son desconocidas, aunque las investigaciones en áreas del cerebro que controlan las respuestas al temor han revelado que ciertos químicos cerebrales (neurotransmisores), la herencia (los genes) y los factores ambientales pueden cumplir un papel en la aparición de los trastornos de la ansiedad. Lo que sí está claro es que a pesar de que cada trastorno de ansiedad posee sus propias características, la mayoría de los pacientes responden muy bien a la combinación de medicamentos (antidepresivos, ansiolíticos) y psicoterapia. El tratamiento combinado usualmente alivia los síntomas significativamente y, aunque no siempre brinda una cura completa, definitivamente mejora la calidad de vida de aquellas personas que, sin culpa alguna, sufren de esta enfermedad.

 

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Carlos A. Leiro P.