Cuerpo y Alma

Los míos… los tuyos y los nuestros! ¿Cómo asegurar el éxito de una “nueva familia”?

Si vivir en pareja fuera tan mala idea, la gente no volvería a casarse después de un divorcio. Entre seis y siete de cada diez divorciados y divorciadas establecen nuevas relaciones de pareja o se vuelven a casar. Es cierto que los recién divorciados quedan tan heridos y agotados que con frecuencia dicen: ¡No vuelvo a caer nunca más! Y pueden pasar años sin volver a abrir su corazón a la experiencia del amor.

Pero al cabo de un tiempo –cuya duración es muy variable según cada persona– la mayoría establece nuevas relaciones. Y es que, por otro lado, es agradable, sabroso y ¡hasta bueno para la salud! vivir en pareja. A la gente le gusta vivir en familia. Pero los casados en segundas nupcias no sólo forman nuevas parejas, sino que generalmente forman “nuevas familias”, en donde uno o ambos esposos traen hijos de la relación previa. Esto conlleva desafíos propios y específicos que estas “familias mixtas” deben superar con éxito. Pero… ¿qué diferencia a las familias que logran una buena integración de las que no lo hacen?

Son cinco los pilares que aseguran una buena integración en las familias mixtas. Cada pilar corresponde a un desafío que ha de ser cumplido satisfactoriamente.

El respeto: Los adultos deben respetar la forma de ser de cada hijo o hija, así como la historia de los miembros de la “nueva familia”. La clave es saber mantener el lugar que corresponde a cada cual. Ni tratar de suplir exageradamente  el afecto, ni reparar abruptamente la falta de disciplina, son buenas ideas. Es contraproducente tratar de hacer “como si” fuera uno papá o mamá de los hijos de la pareja. Aún habiendo una situación de orfandad, los hijos tienen sentimientos muy aferrados a sus padres y madres y, generalmente, son muy celosos con sus afectos y relaciones con sus padres biológicos.

La seguridad: Los adultos deben crear un nuevo ambiente con reglas claras para todos. Para esto, los padres y madres exitosos hablan, escuchan y se comunican constantemente con sus hijos.

La paciencia: Dicen que “Roma no se hizo en un día…”. Los adultos deben llevar la integración de esta nueva familia a buen ritmo. No se crea una nueva familia de un día para otro. No se aprende a aceptar algo nuevo ni mucho menos a respetar o querer de un día para otro. De igual manera, no se gana autoridad de un día para otro. Las familias mixtas exitosas transitan suavemente –pero no sin baches– hacia la integración.

El balance: Hay que ser casi un artista de circo para equilibrar el tiempo entre las responsabilidades, la nueva pareja y la familia. Aun cuando algunos hijos celebran la aparición de un amigo o novio(a) en la vida de sus padres, la mayoría se resiente si considera que no recibe la misma atención que antes. Por otro lado, la nueva pareja también puede resentir la cantidad de tiempo invertida en el trabajo o en los hijos de la relación previa.

La esperanza: Las familias mixtas deben crear un presente y un futuro de unión y esperanza donde nadie se quede atrás. Poco a poco, si los adultos crean un ambiente emocional de aceptación de cada uno, los hijos e hijas entienden de qué se trata esta nueva familia. La planificación y la intencionalidad de construir la nueva familia a través de estos cinco pilares aseguran, casi siempre, que las nuevas parejas no sean encasilladas en las clasificaciones típicas de padrastros “perdidos” o “nazis”, ni de madrastras “aprovechadoras” o “secuestradoras”. Casarse por segunda vez es toda una aventura y un paso muy grande en la vida de un adulto, pero cuando hay hijos es aún más duro. Hay que tragar en seco y lanzarse… ¡pero con paracaídas! Seguramente sobre estos cinco pilares se puede crear un futuro seguro para disfrutar de una rica vida en pareja y en familia.

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