Cuerpo y Alma

Cuestión de hombría

¿Qué piensa usted sobre el siguiente eslogan: “El hombre, como el oso, a más pelo más hermoso”? Probablemente crea –como yo– que los vellos masculinos son señal de masculinidad y, a menos que realmente den apariencia de animal salvaje, deben quedarse donde están.

O quizá se identifique con la idea de que nada mejor como un caballero sin pelos, más si se es deportista o tenga que ver con el mundo de la publicidad. El depilado sería, pues, una opción a considerar.

Curioso es que ante esta segunda línea pocos hoy en día se escandalizarían. Porque hasta los detractores de la cera en los hombres están al tanto de que en el género masculino cada vez son más los que se apuntan a cuidados y tratamientos antes reservados para las féminas.

Y que no se llamen a engaños los más vagos a la hora de cuidarse. A las mujeres también se nos conquista por la vista. Lejos ha quedado la premisa de que, ante lindas palabras que se susurran al oído, una chica cae rendida pese a la barriga cervecera que pueda tener el galán. Que el amor para las féminas de este siglo no es tan ciego. Si nosotros nos la pasamos peleando con la báscula y adquiriendo potingues una vez que aparecen las primeras arrugas, esperamos a su vez que nuestros compañeros inviertan algo de esfuerzo en su imagen. ¿O es que a ellos los años y la fuerza de gravedad no les pasan factura?

Además, no hay que ser metrosexual ni mucho menos. Quizá nuestros abuelos muy en el fondo se lamentaban de no poder hacerse más de cuatro cosas por miedo a ser tachados de delicados y debían soportar estoicos los estragos de los barros enterrados.

Por suerte, hoy las cosas han cambiado, tanto así que el mercado de la belleza ha creado un montón de productos para satisfacer esta nueva demanda, una que va más allá de los cuidados básicos que ha de tener cualquier varón que se precie.

Pero por si estos –los elementales– se han olvidado, mejor les recuerdo: un buen lavado de cara, duchas diarias completitas (que no sólo es cuestión de rociarse algo de agua y salir pitando), afeitarse bien al ras, una fragancia agradable, llevar las uñas limpias y cortas, unos dientes blancos y bien cuidados, y la práctica de ejercicio. Los hidratantes y las cremas para las patas de gallo tampoco vienen mal.

Y para los que quieran ir más allá, he aquí lo último:
Limpieza profunda de piel y retiro de células muertas: En este sentido están los peelings y la microabrasión (que eliminan capas superficiales y dan paso a tejidos más tersos), técnicas cosmetológicas que hoy en día se han adaptado al tipo de piel de los hombres.

Ducha facial de oxígeno: Consiste en la emisión de oxígeno puro y principios activos que penetran en las células cutáneas. Una sola sesión es suficiente para que la piel recupere la hidratación y esté saludable. Este método es uno de los más revolucionarios y, junto a los suplementos vitamínicos y minerales, forma parte de la medicina “antiaging”.

Diseño de cejas: Las cejas es una de las predilecciones de los hombres que se cuidan. El diseño debe ser natural y favorecedor de las facciones.

Tratamientos con láser: Cada vez más caballeros se benefician de este sistema para rejuvenecer la piel, tratarse las cicatrices del acné e incluso para evitar la caída del pelo.

Servicios de spa: Disfrutar de masajes relajantes con piedras calientes, baños de miel y leche o hidromasajes ya no pertenecen en exclusiva al ámbito femenino. Los varones se pueden servir de los “spas” para relajarse y lograr armonía corporal.

No hay, pues, excusas. Caballeros, anímense a lucir bien por ustedes y sus parejas, que en definitiva –y aunque la belleza en su máxima expresión es la que va por dentro– el envoltorio también en un hombre cuenta.

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Alicia Rego Otero

Casada. Cuarenta y ocho años. Psicóloga. Licenciada en Letras y Filosofía por la Universidad Pontificia de Salamanca. Por más de cinco años autora de la columna Psicólogo en casa en un periódico local, y más de diez como psicóloga en un centro educativo. Hoy se dedica al estudio de la psicología profunda y a la terapia re educativa de chicos con familias disfuncionales o de bajos recursos.