Decoración

Distinta y muy original…

Es una obra a todas luces insólita, con una personalidad propia que destaca dentro de su entorno y nos deja curiosos ante tan excepcional diseño.

“Diferente y agradable, sentirme muy a gusto en cada rincón y en todo su entorno”, esos fueron los únicos requisitos solicitados a Gustavo Arango, de Arango Arquitectos, por la propietaria al comisionarle el diseño de esta casa de recreo, ubicada en un paraje lleno de verdor, obtenido por un muy bien cuidado jardín donde se destacan, además de plantas ornamentales, grandes y viejos árboles.

“Para mí fue un ejercicio de libertad que me voló la mente”, comenta el arquitecto Arango, “ya que se me dio la oportunidad de crear algo diferente sin limitantes de estilo, forma o materiales”. Este lujo se tornó en un reto para Arango, ya que esta casa tendría que ser una “pieza” que llenara no sólo las expectativas de la dueña sino las propias, por la confianza en él depositada. Para lograr su propósito, Gustavo tomó en cuenta todos los detalles necesarios. Contaba con un terreno de topografía quebrada con curvas suaves y sinuosas; una iluminación variable según el periodo del año, acompañada de la vegetación circundante que filtraba y atenuaba los fuertes rayos del sol; y, no menos importante, un clima sumamente lluvioso en el invierno y ventosos en el verano. Todos estos elementos fueron tomados en cuenta para alcanzar el diseño final.

El tipo de terreno imponía un diseño de forma circular, comenta Arango, lo que le inspiró a crear una vivienda poco estructurada. Sentía que la forma de la casa debía ser como un gran lienzo, que fuera cayendo lentamente desde lo alto, siguiendo los caprichosos niveles de la superficie. Esto generó un gran techo en forma de espiral ascendente. Los bordes perimetrales de esta enorme cubierta fueron curveados para ofrecerle suavidad y, así, lograr esa sensación de una capa gigante que fuese cubriendo el alzado exterior de la edificación. Agujeros rectangulares de diferentes dimensiones se fueron insertando en lugares puntuales de la fachada, pero siempre guardando de forma segura la intimidad del interior.

El cuerpo central de la casa consta de un patio interior al cual todas las recámaras y áreas comunes acceden.

Accedemos a la casa por el nivel central de la edificación y descubrimos cómo el interior de la vivienda se abre por completo, como queriendo despojarse del recato del exterior y ofrecer al visitante un espectáculo increíble, una explosión de luz y belleza. En esta sección están dispuestas las áreas sociales. Primero advertimos el salón de estar, formado por agradables sillones tapizados en tonos crudos que combinan con el tono natural de los pisos de piedra saturnina clara. En nuestro recorrido, también vamos descubriendo interesantes piezas de arte, como una escultura del chileno David Pulgar, una de las que más llama la atención.

Pasamos, entonces, al comedor. Al igual que en el salón de estar, los tapices en tonos neutros contrastan de manera agradable con el acabado oscuro de las maderas. “En la escogencia de acabados, colores y disposición de piezas de arte y decorativas me ayudó Joe Liz Lewis”, nos comentó la propietaria. “Cuando veo algún objeto interesante lo compro y luego le busco el sitio. La magia del arte es que, al ubicar cada pieza, dé la sensación de que el sitio se hubiera contemplado especialmente para ella”.

El techo cubre, literalmente, toda la residencia, mientras juega con nuestros sentidos y desafía cualquier idea preconcebida.

Continuamos con la cocina, un área perfecta para un enamorado de crear deliciosos platos. Los altos techos; la iluminación natural que penetra por los ventanales superiores y cada detalle de este ambiente cuyos pisos, paredes y sobres han sido revestidos en granito; los muebles italianos acabados en tonos oscuros que contrastan de maravilla con los artefactos de acero inoxidable: todo en este ambiente produce la sensación de que el sitio está dispuesto para organizar una reunión con amigos, donde cada uno aporte una receta diferente y exótica.

De vuelta al área central, apreciamos como éste es un punto estratégico para dominar el patio de luz, parte medular de la estancia, planteada de forma semicircular siguiendo el terreno y la estructura exterior. Grandes ventanales fueron colocados en todo este perímetro, lo cual permite disfrutar de cada detalle del interior ya que, bordeando el extenso muro de cristales, se dispuso un amplio pasillo serpenteando las áreas íntimas de la estancia. En el exterior, una encantadora terraza con pisos revestidos en piedra de tonos claros y un jardín circundante sirven de marco para la hermosa piscina de tipo infinito. En este espejo de agua se refleja la ágil figura en bronce de una de las “gorditas” del escultor Tito Ortiz, que parece disfrutar del espectáculo que la rodea estando a la sombra de un maravilloso y frondoso árbol, parte del vasto jardín que atisbamos a sus espaldas.

Seguimos la suave caída descendente por el largo corredor y, a todo lo largo del camino, vamos disfrutando de una vista agradable y muy tranquila producto de una belleza natural que circunda el espacio. Opuesto al ventanal encontramos tres habitaciones, cada una con estilo propio pero que mantienen una atractiva simplicidad, propia del decorado general. En todas las recámaras podemos apreciar cuadros naturales, como los define Arango, y no son otra cosa que los agujeros que anteriormente habíamos divisado en la fachada. “La idea es poder disfrutar de una obra de arte en movimiento”, comenta Gustavo, “ya que varía desde los diferentes puntos en que sean observados”.

La decoración es moderna y muy limpia. Cada detalle y variados adornos traídos de diferentes viajes reflejan el gusto de su propietaria.

 

Desde el interior sentimos cómo la naturaleza penetra en cada rincón y somos capaces de apreciar cómo un concepto novedoso toma forma y adquiere personalidad propia.

Volviendo a la sala comedor divisamos una escalera de pasos sueltos revestidos en madera de güira que se adosa a una pared lateral para guiarnos a la recámara principal. Este es el punto más alto de la construcción, por lo que goza de una vista maravillosa, controlando estratégicamente todos los movimientos de la casa. El mobiliario mantiene el uso de tonos crudos y maderas oscuras, guardando un estilo sobrio pero muy rico al no encontrar contrastes importantes que romperían con la tranquilidad y frescura que se percibe.

Un pequeño balcón fuera de la estancia es uno de los lugares favoritos de la propietaria, quien nos comenta: “En las tardes me recuesto a leer y escuchar el sonido de los pájaros y el movimiento de los árboles que parecen jugar debido a la brisa que mueve sus hojas y ramas con una cadencia extraordinaria”. Superentretenido nos pareciá el baño principal, un espacio con ventanales de piso a techo para, sin limitantes, gozar de una vista espléndida. En la mañana, la luz penetra por una sección y, en la tarde, los rayos del sol caen del lado opuesto. Unas tupidas cortinas cubren el ventanal, proporcionándole la intimidad necesaria para lograr un momento de relajación perfecto.

El voto de confianza otorgado al arquitecto Arango produjo una obra diferente y singular, que llenó todas las expectativas de su propietaria. Fueron variados los bosquejos que se realizaron hasta lograr una casa original que se disfruta desde todos los ángulos, con un diseño único donde se mezclan elementos sumamente diferentes. Su meta, definitivamente, fue lograda, y el resultado es una residencia que es, en sí, una obra única e incomparable.

Fotos:
© Silvia Grunhut, Space 67

 

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