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Berlín, más allá de las fronteras imaginarias

En constante movimiento, esta capital europea seduce por el inmenso valor arquitectónico de sus edificaciones, así como por la idiosincrasia de una población que ha logrado sobrepasar todo tipo de dificultades y trabajar por una causa común.

Foto izquierda: La puerta de Brandenburgo, uno de los símbolos de la ciudad, fue construida durante el reinado de Federico Guillermo II de Prusia, siguiendo el modelo de la puerta de acceso a la Acrópolis de Atenas.

Foto derecha superior: Debido a las estrictas regulaciones de construcción, la indeleble marca de Frank Gehry, en Berlín, queda plasmada en el interior del edificio sede del Deutsche Zentral Bank (DZ), sobre la Pariser Platz.

Foto derecha inferior: La escultura del artista norteamericano Jonathan Borosky, la cual mide 30 metros de alto, parece evocar dos danzantes que fluyen sobre el agua hasta el amanecer.

Veintitrés años después de la caída del muro de Berlín, la reunificación de las dos Alemanias es un proceso en constante transformación. Modelo de reconciliación de dos antagonismos: capitalismo y socialismo, Berlín es hoy dos continentes y dos visiones del mundo, mezclados en un espacio de creación que irriga todas las capas de la sociedad berlinesa. En el perímetro reducido de una sola ciudad, el nacimiento de un verdadero modelo de economía creativa es refugio y estabilidad para el que llega. Una fascinante muestra y fuente de inspiración en la creación de mejores ciudades.

A través de su arquitectura, su integración de la naturaleza y su carácter bohemio, es posible explorar la geografía y la historia de esta capital europea, y perderse entre sus movimientos artísticos e intelectuales.

Cuna de arquitectura moderna
Tras la devastación de la ciudad por parte de los aliados al final de la Segunda Guerra Mundial, cientos de miles de berlineses quedaron sin refugio. Durante el proceso de reconstrucción las autoridades dieron prioridad a la edificación de viviendas económicas. En 1953, se convocó una licitación en la que participaron varias decenas de reconocidos arquitectos para la construcción de este tipo de viviendas. Conocida como la Interbau, gran parte de este desarrollo se inauguró junto a una Exposición Internacional en 1957. 1.4 millones de personas visitaron la exhibición ese año. El único edificio construido por Oscar Niemeyer en Alemania, data de ese momento.

En 1956, Le Corbusier lanzó una propuesta al Comité de Planeación de la ciudad para construir una serie de edificios sociales, a los que bautizaría como ‘unités’. Estas enormes unidades de viviendas, construidas sobre la colina de Charlottenburg influirían en el desarrollo de conjuntos habitacionales en todo el mundo, en las décadas subsiguientes a su construcción.

Muchos conocedores consideran Berlín como un museo al aire libre de la arquitectura moderna. Perderse en el infinito laberinto que es el Monumento del Holocausto Judío, de Peter Eisenman, o palpar el genio plasmado en cristal y metal de Frank Gehry en el edificio de la DZ Bank, pueden ser experiencias abstractas y de gran emoción. Un siglo de historia se revela en los muros de la ciudad.

Construida sobre los cimientos de una pequeña catedral barroca, el Berliner Dom es la catedral protestante más grande de Alemania y un agradable lugar para el descanso, cónsono con el ambiente de ciudad verde que se vive en todo Berlín.

Modelo de ciudad verde
Conocida como ‘Perla Verde’ del norte de Europa, Berlín alberga 16,000 hectáreas de bosque, y las fuentes de agua dulce están presentes en toda la geografía de la ciudad. De la mano con la economía, la política ecológica ha ido dibujando una ciudad más dinámica y menos contaminante, potencializando con ello la productividad, la calidad de vida y la fuerza creativa de sus habitantes.

En la vida cotidiana berlinesa, la espontaneidad es reina y la valorización del patrimonio natural es un arte de vivir. Durante la última década, diversos espacios han sido rescatados y hoy son lugares de convivialidad, a veces bohemios y alternativos, como Mauerpark, el mercado de las pulgas más grande de la capital, o el Tempelhof, antiguo aeropuerto nazi, cuyas pistas se convirtieron en parque y centro de convenciones a cielo abierto. Otros espacios, más clásicos, como la Isla de los Museos, magnánimo conjunto museístico que alberga colecciones arqueológicas y de arte, o como el Tiergarten, en el corazón de la ciudad, pueden ser burbujas de cultura e inspiración.

Con su circuito de 600 kilómetros de ciclorrutas con seguridad, visitar la ciudad en bicicleta se convierte en un viaje más. La bicicleta es versátil y cómoda, y le permite al visitante parar donde quiera, intimando mucho más con la ciudad, detallándola, interactuando con ella; una experiencia muy distinta al estar dentro de un bus o en los subterráneos del metro. Con dos ruedas, mientras se va de un lugar a otro, se atraviesan lugares como el Gorlitzer Park, o el parque Hassenheide, donde el espectáculo vivo y multicolor es variado; desde un mimo, los amigos tomando el sol, o el solitario leyendo un libro, hasta familias enteras alrededor de un picnic bajo la sombra de un roble centenario.

Con la reunificación de las dos Alemanias las medidas adoptadas para mejorar la calidad del aire, del agua, del suelo, y acompañar la desindustrialización de Berlín-este se reflejaron directamente en una nueva dinámica. ¡Berlín es una de las únicas ciudades que ha logrado disminuir al 25% las emisiones de CO2 desde 1990! Y la incorporación de una legislación contra el ruido ha llevado a prohibir la circulación de vehículos de alto cilindraje dentro de la ciudad, una medida increíble para una capital de 3.4 millones de personas.

Foto izquierda: El museo Bode alberga una importante colección de arte del oeste de Roma y del Imperio Bizantino, desde el siglo III hasta el siglo XV. Las obras provienen de casi todas las regiones del Mediterráneo Antiguo.

Foto derecha: En el barrio de Mitte, la casa Tacheles fue ocupada por un grupo de artistas después de la caída del muro para evitar su demolición. Hoy alberga cantidad de ”ateliers” abiertos, fomentando inmensos espacios de interacción.

Kreuzberg, sede de la vida bohemia y aldea global
Antes de la caída del muro, el barrio de Kreuzberg era conocido por albergar movimientos alternativos y pacifistas en las fronteras de la Alemania del Oeste. Con los años, y con el proceso de reunificación, el sector se convirtió en cuna de la escena bohemia de la capital, un mosaico de contrastes, donde conviven inmigrantes y artistas de todas las nacionalidades.

Kreuzberg es conocido como la Pequeña Estambul; 40% de la población es turca. Hay que recordar que los turcos fueron valiosa mano de obra que después de la Segunda Guerra Mundial contribuyó a la reconstrucción y al despegue económico del país. Hoy, mientras reposados hombres conversan fuera del negocio familiar, la nueva generación retoma el relevo, en sus boutiques de moda, sus restaurantes de comida típica, o en los puestos del mercado, sobre el puente Kottbuser Brücke, que funciona dos veces por semana. Entre vegetales y frutas multicolores, dátiles y panes al kilo, quesos y aceitunas, especias, o telas en transparencia, y a lo largo de las decenas de puestos que parecen flotar sobre el río Spree, el visitante tiene la impresión de penetrar en el antiguo Bizancio, donde es posible encontrarlo todo. Librerías, galerías, teatros y tiendas de cámaras antiguas o de discos usados se encuentran cerca, en las dos arterias neobohemias que son Oranienstrasse y Bergmannstrasse. La presencia turca ha traído consigo la superposición de pluralismos, convirtiendo Kreuzberg en una verdadera aldea global. La diversidad gastronómica aparece en las marcadas esencias de Sri-Lanka, en las sutiles texturas de los kebabs vegetarianos, o en una improvisación vietnamita.

A pesar de ser una metrópolis, Berlín ofrece la temporalidad de una pequeña ciudad, donde todavía es posible disfrutar de un paseo a pie, atravesar bosques, deleitarse con los amigos alrededor de una guitarra, mientras se ríe, con una copa de vino o de mate frío, en los grandes jardines a un lado del canal. Los alemanes trabajan a un ritmo frenético, pero sacan el tiempo para acompañar a sus hijos y alimentar a los gansos con pan viejo, o después del trabajo, deshacer la corbata para asistir al concierto de su músico favorito. Mientras las galerías continúan promoviendo nuevos artistas, el arte se propaga y transforma espacios y percepciones.

Heredera de medio siglo de ocupación, Berlín se transforma en un istmo de dinámicas underground, de contracorrientes alternativas y de sostenibilidad. Concentrando su creatividad en una fascinante muestra para todos los continentes, Berlín es definitivamente capital cultural por excelencia, y un laboratorio de posibles, donde todos los días se moldea el modelo de ciudad del futuro.

No deje de visitar:

La Puerta de Brandenburgo, uno de los símbolos de la ciudad, construida bajo el reino de Federico Guillermo II de Prusia.

Reichstag, el parlamento alemán. Su cúpula fue reconstruida de cristal por el arquitecto Norman Foster.

El hotel Adlon, el más glamoroso de Europa en los años 20, sobre la avenida Unter den Linden.

El edificio de la DZ Bank, de Frank Gehry, en la Parizer Platz.

Monumento del Holocausto Judío.

Postdamer Platz.

CheckPoint Charlie.

Tempelhof, antiguo aeropuerto nazi convertido en parque.

Tacheles, una valiosa propiedad en el barrio de Mitte, llena de historia, ocupada por artistas desde 1990, quienes evitaron su demolición.

Hamburger-Bahnhof Museum.

C/O Berlin, a la punta de la fotografía mundial.

Neue National Gallery.

Mauerpark, Boxhagener Platz, y los múltiples mercados de pulgas.

El pueblo de Potsdam, y el célebre palacio de Sanssouci, en las afueras de la ciudad.

Fotos:
Páginas 60, 61 y 66: © Atlantide Phototravel / Corbis
Página 61: © Blaine Harrington III / Corbis (superior)
Página 62: © John Harper / Corbis
Página 64: © Jon Hicks / Corbis

 

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Ana Carolina Fong

Colaborador de revista En Exclusiva