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¿Ser positivos? ¿Qué piensas?

Cuando escuches: “¡Piensa positivo!”, pon atención. Hoy más que nunca estas palabras cobran una relevancia enorme ante tantas noticias negativas que nos aquejan.

¿Sabías que todo empieza con un pensamiento? Cualquier idea, acción y creación fue primero un pensamiento. No hay nada más determinante en la vida emocional del ser humano que sus pensamientos. El mundo, tal como lo percibimos y entendemos, depende de todo lo pensado a lo largo de la historia que luego fue transformado en monumentos, descubrimientos y teorías que nos han llevado a entender mejor nuestro universo.

Los pensamientos crean eso que llamamos actitud o disposición para enfrentar la vida. Recuerda que a pesar de todo lo que pasa allá afuera, realmente sí podemos elegir. Decía el psiquiatra sobreviviente del holocausto Viktor Frankl, que lo único que no nos pueden quitar en los momentos más adversos es la capacidad de decidir cómo responder. Esa respuesta depende de los pensamientos que generamos y en los que nos enfocamos.

Ser optimistas es la mejor elección para enfrentar retos o situaciones complejas.

En otras palabras, las emociones y las conductas o acciones asociadas dependen de los pensamientos que las crean. Si te despiertas y piensas que ese día te ofrecerá muchas oportunidades buenas, tu mente estará preparada para verlas, tus acciones estarán encaminadas a “encontrarlas” y es muy posible que sea un día lleno de satisfacciones. Al contrario, si empiezas el día pensando en que todo te saldrá mal y que no te va a ir bien, lo más seguro es que así mismo ocurra, pues la mente se cree sus pensamientos.

El cerebro es un universo fascinante que puede producir muchos pensamientos en cuestión de segundos y que es, a su vez, muy maleable e influenciable, como bien saben los expertos en mercadeo. Esos primeros momentos del día podemos prestar atención a lo negativo, o sea a aquello que nos llena de angustia, miedos, bloqueos, tristeza o ansiedad, y que encuentra todo tipo de “justificaciones” para existir. O podemos enfocarnos, principalmente, en aquellos pensamientos que nos hacen sentir optimismo, alegría y vitalidad. Hasta en las peores circunstancias, las personas pueden elegir. Uno puede reconocer los miedos —que son normales— pero seguir con optimismo; se puede escoger entre afrontar el día anticipando derrota, o con la tranquilidad que dan la esperanza, la dignidad y siendo la mejor versión posible de uno mismo.

Deseo compartir algunas reflexiones y datos que nos llevan a comprender por qué es importante ser positivos y cómo podemos lograrlo…

El pensar con optimismo ayuda a mantener una actitud de ganador, donde el premio mayor consiste en el balance interior que se transfiere luego en las decisiones, acciones y emociones que conforman la vida. Las personas que así viven tienden a contagiar su buena vibra y a ver la luz en los lugares más oscuros, y es por lo que vivir con una actitud de optimismo es un superpoder que te vuelve imparable.

Cuando tenemos pensamientos positivos somos más productivos, más atentos y contagiamos a otros.

Elegir entre un pensamiento u otro no es una habilidad que surge espontáneamente para muchos. Es necesario entrenar la mente. El funcionar desde una actitud positiva en estos tiempos de la pospandemia, en el contexto de una semirrecesión económica mundial y demás titulares “negativos”, se vuelve no solo innovador y disruptivo sino también necesario y urgente. Hay que enfatizar el poder del pensamiento positivo, tanto en el hogar como en los sistemas educativos, y ojalá y se pudiera volver viral en las redes sociales. El mundo lo transforman las personas que creen en sus sueños y el día a día es mejor cuando la gente sonríe y se enfoca en lo positivo.

No vivamos temiendo lo peor. Evitar las cosas que calificamos como negativas usando una fórmula basada en el miedo no es bueno para la salud mental de nadie. Una amiga muy querida que falleció de cáncer me enseñó que hasta eso se puede afrontar desde el optimismo. Ella sabía su pronóstico, me comentó que la mente era cosa seria y que sabiendo lo que venía ella iba a vivir lo más y mejor que pudiese. Los dos siguientes años los vivió a plenitud, recordándonos que el mayor milagro fue cada día que estuvo entre nosotros. Se fue serena, querida, acompañada y confiada. Fue un ejemplo de optimismo hasta el final. Quizás aceptando la realidad absoluta de nuestra mortalidad podemos aceptar las muchas pruebas que nos trae la vida y enfrentarlas con lo mejor de nosotros mismos, en positivo.

Es importante no confundir esta visión de la vida con alguna forma de negación ni disociación de la realidad. Es poner la atención a lo que nos gustaría, pero con aceptación, con serenidad y confianza de que, en este efímero presente, no importa lo que pase allá afuera, estamos bien y podemos estar contentos viviendo debajo de nuestra piel.

Pensar positivo aporta grandes dosis de autoestima y seguridad, en especial a los niños.

Pensar positivo es una elección que nadie puede tomar por nadie. Tú, yo, nosotros, hoy podemos decidir pensar en positivo. Quiero y elijo pensar que estas palabras, que escribo y que ahora lees, ayudarán a que enfrentes este día, o este momento, con una mentalidad positiva, o sea, serena, alegre, optimista y de aceptación radical de ti mismo y de la vida.

Al elegir una actitud positiva real, enfocada en lo que nos da balance interno y esperanza se transforma tu día, la semana y el curso de tu vida. Todos hemos escuchado acerca de historias de adversidad superadas típicamente por la actitud positiva con la que se enfrentaron. Lo que piensas y cómo piensas afecta tus emociones, tus decisiones y tu bienestar.

Debemos transformar la educación a una más enfocada en estas habilidades. Más que la memorización eterna, debemos entrenar la mente a pensar con enfoque, enseñar a observarse internamente para poder así elegir la hoja de ruta de los pensamientos. Empezando con los niños más pequeños, se puede empezar a enseñar lo que se conoce como consciencia plena o “mindfulness” para así poder estar realmente presente aquí y ahora y decidir y escoger aquellos pensamientos que llevan a un día de aprendizajes y serenidad. Tenemos que educar en mirar hacia adentro, calmar la mente, elegir cómo vivir plenamente. Estas habilidades se pueden enseñar y desarrollar a través de la psicoterapia, de la meditación y en el contexto de relaciones interpersonales sanas.

Dedicar tiempo a nosotros mismos, nos ayuda a conocernos y comprendernos mejor.

Busca la manera de vivir mejor. Hay muchos libros, podcasts y videos inspiradores que hablan de estos temas. Mantener una actitud positiva requiere que te cuides. Por ello, como en todo, lo que a salud se refiere, ayuda. Asegúrate de dormir bien, comer sanamente, tener actividad física regular, mantener contacto con la naturaleza, compartir con familiares y amigos, evitar drogas y alcohol, leer, meditar o por lo menos hacer ejercicios de respiración y tener siempre un sentido de propósito. Trata todos los días de enfrentar la vida con un contagioso positivismo que nace de poder imaginar un mundo de posibilidades y no coloreado de temores; con la capacidad de no tomarse uno muy en serio y reírse de sí mismo y, sobre todo, haciendo una elección consciente de sentir gratitud por este momento, aquí y ahora, que nos permitirá vivir con propósito y a plenitud.

Hay excepciones y debemos saberlo. Hay personas que padecen de enfermedades neuropsiquiátricas como la depresión mayor o los trastornos de ansiedad, por mencionar algunos ejemplos, en las que uno de sus síntomas es, precisamente, no tener esa flexibilidad para elegir un pensamiento y emoción en vez de otra que a todas luces es más conveniente. Decirles “cambia de actitud” no les ayuda y puede causar dolor y sentimientos de soledad e incomprensión. Estas personas primero necesitan ayuda profesional antes de hacerlo.

Ojalá pusiéramos de moda levantarse cada día agradecidos por la vida, por las cosas grandes y pequeñas que nos rodean, por la gente que camina a nuestro lado, por un día más y desde muy temprano entrenar la mente a pensar que no importa lo que nos traiga este día, nosotros lo vamos a enfrentar con esperanza, con alegría, con serenidad interna, visualizando el mejor escenario posible. Y si ese escenario imaginado no es el que ocurre allá afuera, desde adentro, internamente, lo podemos enfrentar con aceptación, serenidad y cuidando el enfoque que le demos a nuestros pensamientos. Desde una postura de pensamiento positivo sabemos que no existe el fracaso, solamente aprendizajes y éxitos.

Fotos: Getty Images

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Susana De León

La Dra. Susana De León es médico psiquiatra y psicoterapeuta de niños adolescentes y adultos. Egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá, luego hizo ambas especialidades en Menninger Department of Psychiatry and Behavioral Sciences en Baylor College of Medicine, en el centro Médico de Houston, Texas. Actualmente ejerce la práctica privada en el centro multidisciplinario The Bridge Center en Costa del Este y apoya múltiples ONGs dedicadas a la niñez y la educación.