Cuerpo y Alma

Aprendiendo a manejar las emociones negativas

Las emociones son como una paleta multicolor: agradables o desagradables; efímeras o persistentes, pero todas son parte de la experiencia humana. Unas son más intensas; otras, más débiles. Unas duran minutos y, otras, apenas fracciones de segundos. Y se mezclan en un revoltijo difícil de dilucidar. No nos cuesta sentir la emoción, lo que nos cuesta es saber qué estamos sintiendo y cómo es que hemos llegado a sentirlo.

En los últimos años, ciertamente hemos aprendido a valorar y cultivar las emociones positivas: para alargar la vida, para aumentar el bienestar general y hasta para protegernos de los resfriados. La psiconeuroinmunología nos ha enseñado que podemos bajar los niveles de cortisol (la hormona del estrés) cuando meditamos, oramos, hacemos el bien a los demás, reímos o nos abrazamos con nuestra pareja.

Pero las emociones negativas también son necesarias. Son información al instante. Ahora, sabemos que cada una de las emociones negativas manda un mensaje alto y claro a todos alrededor y, sobre todo, a nosotros mismos… El miedo nos manda un mensaje que dice: “Hay peligro cerca…”. La tristeza nos manda un mensaje que dice: “He perdido algo…”. El enfado nos manda un mensaje que dice: “Hay algo aquí que no me gusta…”. La ira nos manda un mensaje que dice: “Alguien me está haciendo daño…”. La ansiedad nos manda un mensaje que dice: “No sé qué es, pero hay algo que no está bien…”. La vergüenza nos manda un mensaje que dice: “Hay algo que está básicamente mal conmigo…”.

No obstante, las emociones negativas pueden distorsionar y estar tergiversadas por pensamientos negativos y nos hacen reaccionar impulsivamente. Tal parece que aún nos cuesta mucho saber qué hacer con las emociones negativas. Veamos… Suprimir emociones como ira, tristeza o miedo ha sido siempre una opción que no parece ser muy beneficiosa a largo plazo.  Dicen algunos expertos que darles rienda suelta a estas emociones es el camino…; pero sabemos que esa opción tampoco promete una vida plena y saludable. Esconderlas tampoco ayuda, porque todos hemos visto cómo las emociones parecen ingeniárselas para salir a flote cuando menos lo esperamos.

Libros como Las Emociones Destructivas, de Daniel Goleman, o Emociones Tóxicas, de Bernardo Stamateas, han empezado a reconocer la necesidad de manejar esa riqueza de información que son las emociones negativas.

Necesitamos la capacidad de sentir miedo para protegernos del peligro…, pero no queremos vivir con miedo. No es bueno que sintamos mucho enojo…, pero necesitamos la potencialidad de sentirlo para protegernos de situaciones injustas. No nos gusta la tristeza…, pero es necesaria como una señal de que nos indica –a nosotros y a los demás– que algo nos falta, o que algo está cambiando o ha terminado.

Algunas ideas para manejar las emociones negativas:

1.- En vez de huir de ellas, ignorarlas o regodearnos en ellas, agrandarlas o sacarlas fuera de contexto… tratemos simplemente de reconocerlas, identificarlas y poner nombre a todas nuestras emociones.

2.- Muchas personas han aprendido a tolerar mejor las emociones negativas con el solo hecho de respirar lenta y profundamente, y permitirse sentir esas emociones intensas sin hacer nada. Hay momentos donde no hacer nada y solo respirar es lo mejor que se puede hacer.

3.- Escribir nuestros estados emocionales y emociones es siempre beneficioso. Además de ayudarnos a entender qué es lo que realmente nos está pasando, nos permite sacarlas fuera y poner las cosas en perspectiva.

4.- Es importante recordar que nuestras emociones están siempre enlazadas –como en una trenza– con nuestros pensamientos. Generalmente, emociones como la tristeza, el miedo o la ira se tornan aún más difíciles o más dolorosas mientras más sazonadas de pensamientos negativos están. Cuando identifiques tus emociones negativas recuerda que siempre están vinculadas a pensamientos negativos que también debes identificar y ver cara a cara.

5.- Recuerda que las emociones son energía. Esa energía te impacta a ti mismo y a todo tu entorno, tu trabajo y tu familia. Responsabilízate de la energía que tus emociones despliegan en ti mismo y en las personas que están contigo.

6.- Reconoce que es muy difícil –sino imposible– no experimentar emociones negativas, pero hazte responsable de comprenderlas, describirlas con palabras, aceptarlas y dejarlas ir.

7.- Piensa que, como dice la psicología budista, a veces las emociones y los pensamientos negativos solo ocurren en ti, pero no te pertenecen ni tienes que hacer nada con ellas.  Lo único que necesitas hacer es notarlas, aceptarlas serenamente y dejarlas ir.

Sentir es parte de ser persona. Y aunque hay quienes dicen que las emociones no se educan, la realidad es que las emociones son un lenguaje que, como cualquier otro,  tiene que aprenderse bien y practicarse bastante para que suene bien.

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Carlos A. Leiro P.

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