Cuerpo y Alma

Los antivaxers

Uno de los logros más grandes en la medicina moderna ha sido el descubrimiento de las vacunas.  Introduciendo dentro de un individuo sano un virus atenuado, una partícula de una bacteria o una toxina, se puede estimular al cuerpo a producir anticuerpos protectores contra enfermedades potencialmente letales. A nivel personal, puedo dar fe de que cuando a fines de los 80 se inició la vacunación contra Haemophilus Influenzae, la devastadora meningitis causada por esta bacteria pasó de ser algo que veíamos casi todas las semanas a algo que prácticamente los médicos jóvenes ahora tienen que buscar en los libros para aprender sobre esa patología. En los últimos años, justamente debido a las campañas de los antivaxers o antivacunas, hubo disminuciones en las tasas de vacunación en varios países, incluso Europa y Estados Unidos, y en cada ocasión esto se acompañó de un resurgimiento de enfermedades como la tosferina y el sarampión. Un ejemplo, en la antigua Unión Soviética, en 1990 las tasas de inmunización para la difteria disminuyeron; el resultado fue un incremento en los casos de esta enfermedad de 839, en 1989, a casi 50,000, en 1994, y 1,700 muertes. Enfermedades letales como la viruela han desaparecido mundialmente; otras, como el polio, desaparecieron en un 99%. En Panamá, no hemos tenido sarampión nativo en más de 20 años.

Obviamente, las vacunas no son perfectas, algunas tienen efectos secundarios. La mayoría cosas leves: dolor, enrojecimiento, malestar o fiebres. Como en cualquier tema público, siempre habrá quienes se oponen a la vacunación y ese es un derecho. Hay quienes no están de acuerdo con la educación obligatoria, con rezar, con cantar el himno, y, por supuesto, aparecen los que no solo no creen en las vacunas sino que encima organizan campañas muy agresivas contra las inmunizaciones, investigadores, pediatras y fabricantes a quienes acusan de conspirar para crear enfermedades. Algunos son muy vocales en este sentir en contra de la vacunación de los niños. El problema es cuando tratan de convencer a otros de que ellos tienen la razón esgrimiendo argumentos falsos. Las escuelas exigen que los niños tengan sus vacunas completas como una precaución para los otros niños que acuden a ese centro. Finalmente, queda la gran disyuntiva, ¿quién vela por la salud del niño no vacunado? Los padres son los responsables, pero qué pasa cuando hay un riesgo inminente para ese niño desprotegido. La evidencia científica muestra que los beneficios de las vacunas superan por mucho cualquier riesgo de efectos secundarios severos. Justamente, si no escuchamos de casos de difteria, polio, sarampión o tosferina es gracias a años de vacunación masiva.

Quizás el argumento que más escucho en mi práctica diaria es la relación del autismo y la vacuna de sarampión, rubeola y paperas, o MMR. Artículos con data manipulada, malintencionados, aumentaron el temor contra esta vacuna, y la consecuencia fue un aumento de los casos de sarampión y paperas incluso en países desarrollados. Muchos de esos que se rehusaban a vacunar, corrieron a vacunar a sus hijos ante la sólida evidencia estadística. La vacuna es segura y efectiva. Recientemente, el presidente Trump mencionó lo de la asociación de la MMR con el autismo, lo que provocó un rechazo mundial de la comunidad científica ante semejante comentario errado. Grupos religiosos adversan la vacuna del papiloma humano, les preocupa que esto sea causa de libertinaje sexual por las adolescentes; nada más lejos de la realidad. Algunos de los efectos secundarios más severos fueron vistos en etapas tempranas, con tipos de vacunas que ya no existen, sobre todo en Europa. Los datos recientes sobre disminución de cáncer cervicouterino en USA luego de vacunación masiva son impresionantes.

Los pediatras en general sentimos obligación de velar por el bienestar de los niños. Nuestras organizaciones defienden el derecho a la salud y a ser vacunados, y muchos no aceptamos en nuestras prácticas a pacientes que rehúsen vacunar a sus hijos.  Panamá es uno de los países latinoamericanos con el programa de vacunación más completo del área y ha sido pionero en la introducción de muchas vacunas, a un alto costo para los gobiernos, pero con una gran visión de prevención. Es completamente inaceptable que, en pleno siglo XXI, a un niño se le niegue el derecho a vacunarse. Cuando los padres tengan alguna duda deben conversar con su pediatra que fácilmente podrá refutar cualquiera de los alegatos de los antivaxers.

Por: Dr. Carlos A. Velarde, F.A.A.P.

Pediatra Neonatólogo

Foto: Getty Images

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