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Venciendo al cuadrado

Todos somos capaces de liberarnos de “lo establecido”, de romper los parámetros y límites creados por nosotros mismos, de alcanzar nuestro máximo potencial mediante nuevas formas de pensamiento creativo. Lo único que se necesita es tratar.

Cuando era niña, escuché por primera vez la expresión “hay quienes no pueden ver más allá de la punta de su nariz”. Esto fue en la película de Mary Poppins. Me llamó mucho la atención, pero a esa edad no lo entendí de inmediato. Me descubrí muchas veces metiendo los ojos hacia el tabique para ver si era posible, en efecto, ir por ahí mirando sin pasar la vista más allá de la punta de la nariz… y siempre veía lo mismo: el mundo se volvía borroso, doble y confuso, y mi nariz era lo único que tomaba forma luego de unos segundos. En algún momento la analogía hizo sentido y entendí que lo que quería decir era muy sencillo: si nos quedamos encerrados en puntos de vista estrechos, limitantes o cerrados, dejamos de ver el horizonte con claridad y amplitud.

Cuando queda atrás la niñez (lo cual le sucede, a cada quien, a diferente edad y en diferentes niveles), el cada vez menor espacio que le permitimos a la imaginación y la facilidad con que nos “acomodamos” en nuestros moldes de vida, nos pueden empezar a volver lo que muchas veces hemos escuchado describir como “cuadrados”.

Traigamos por un momento esta imagen a nuestra mente: visualicemos que nuestros pensamientos, percepciones de la vida, conductas y sentimientos, estuvieran realmente delimitados por un “cuadrado”. La imagen puede no resultar muy ajena a nuestra realidad cotidiana que nos absorbe entre la rutina, nuestra instintiva necesidad de control, nuestro deseo de pertenecer, nuestros temores a salirnos de lo conocido, nuestros hábitos que nos mantienen haciendo las cosas como las “sabemos o estamos acostumbrados a hacerlas”, la idea de que los sueños que anhelamos son inalcanzables, o que nuestras pasiones parecen cabernos en la vida únicamente como hobbys. Nos ponemos límites donde realmente no los hay… ¿Será que podemos liberarnos de este cuadrado separando sus cuatro lados, o estirando sus bordes para que tome otras formas?

En mi humilde opinión, la respuesta es “sí”. Todos estamos en la capacidad de “estirar”, moldear, expandir los puntos de vista con los que nos manejamos, para tener una visión cada vez más amplia, que le da mayor cabida a la imaginación, al ejercicio mental libre, a la individualidad, a “ser más inventores”, a cambiar cosas que no funcionan.

Abriendo campo a la creatividad
Pasamos años tratando de ser más disciplinados: hacemos ejercicios físicos, ahorramos equis cantidad de dinero al mes, luchamos por sentarnos juntos en familia a la mesa, en fin, nos ayudamos a tener un cierto orden en la vida. Esto es muy importante, pues sin él podría haber caos. Sin embargo, también es importante dedicar tiempo a jugar, a expresarnos como individuos, a romper con la rutina. Una manera interesante de despertar nuestra imaginación y curiosidad es retándonos, cada día, a hacer algo de manera distinta a como lo hacemos siempre. Desde actividades tan sencillas como tomar otra ruta al trabajo y prestarle atención al nuevo entorno, hasta cambiar la ubicación de los muebles de un área de la casa. Si estamos acostumbrados a leer novela, optemos por un libro de poesía, o de ensayos. Si nuestro trabajo implica tratar todo el día con gente, pasemos tiempo solos en algún momento del día. En mi caso, siendo una persona “visual”, y que paso la mayoría del día frente a un monitor de computadora, el tomar clases de movimiento corporal libre me ayuda a estimular otros sentidos que durante el resto del día mantengo subutilizados.

Durante un taller intensivo sobre el proceso creativo, en el que participé por cinco días, hicimos diferentes ejercicios compartidos (por ejemplo, dos personas compartiendo un dibujo de trazo) que nos hacían tener que “flexibilizar” nuestra manera de crear o resolver los problemas de maneras distintas a como lo hacemos usualmente. Durante las mañanas, compartíamos objetos encontrados y hacíamos asociaciones de palabras con relación a dichos objetos. Por ejemplo: botella – agua, bebida, hidratación, transparencia. Luego proponíamos usos posibles para cada objeto, empezando por los comunes hasta los más inesperados y, finalmente, creábamos algo (funcional o artístico) con dichos objetos. Ejercicios de este tipo nos ayudan a incrementar nuestra capacidad de observar y de establecer relaciones entre conceptos.

El permitir en nuestra cotidianidad ventanas que ejercitan nuestro proceso creativo, nuestro lado instintivo, nos ayuda a crecer y a descubrir en nosotros mismos a una persona cada vez más interesante… casi tan interesante como el niño o la niña que éramos antes de estar contaminados por tantas preconcepciones.

Más vale un cuaderno en mano que 100 ideas volando…
Tener ideas o pensamientos que nos sorprenden durante la ducha, en medio del sueño o camino al trabajo, y dejarlas escapar como pájaros al viento, puede llegar a ser más frustrante que no tenerlas. Por eso, el llevar siempre a mano un cuaderno para “tomar nota” de las cosas que se nos ocurren es una gran ayuda para prestarnos atención a nosotros mismos. En este cuaderno, podemos escribir planes que deseamos realizar (desde un tema que nos pareció interesante para el cumpleaños de la hija, hasta una nueva idea de negocio que se nos asomó en la cabeza mientras esperábamos en el autorápido), pensamientos que tuvimos con relación a algo que puede hacer que la empresa en que laboramos funcione mejor, o hasta apuntar un sueño que tuvimos que nos pareció interesante y que, tal vez, tiene algo que enseñarnos. Estableciendo una relación placentera con nuestro cuaderno (no de obligación, ni de orden, ni de hábito), veremos que, poco a poco, empezamos a conectarnos más con nuestro yo.

Algunas personas prefieren una grabadorcita de bolsillo. Hoy en día existen algunas digitales que graban incluso 24 horas de audio, el cual podemos pasar sin dificultad a nuestras computadoras.

Cualquier método que nos ayude a escuchar y a documentar, sin filtros ni restricciones, los pensamientos, sensaciones o conceptos que nos visitan cuando se nos “prende el foco”, contribuirá a que actuemos con mayor fidelidad a nosotros mismos.

Jugar, jugar, jugar…
Nos parece que de niños está bien detenernos a buscar formas de animales u objetos en los mosaicos del piso, o en las nubes, pero de adultos lo vemos como una pérdida de tiempo, cuando en realidad ejercicios como esos nos estimulan la mente y, al permitirnos jugar un poco, nos permiten volvernos más versátiles.

Un recuerdo que siempre mantengo presente y que también se remonta a mi niñez, fue una vez que tomé las piezas del Scrable y, pegándolas boca abajo sobre un cartón, las convertí en el piso de parqué de una casa miniatura que estaba “diseñando”. Todavía hoy me fascina ver cómo cosas que están hechas para un propósito, sirven para otro. El haberme aferrado a este juego hasta ser adulta, ha desencadenado en mí una manía de reutilizar cosas y tratar siempre de verlas bajo diferentes luces. Si recordamos patrones de nuestra niñez que nos pueden ser productivos, podemos “transferirlos” al vocabulario de la vida adulta y divertirnos incorporándolos en nuestras actividades.

En el aspecto más práctico, Ellen Lupton, diseñadora y escritora, está desarrollando una investigación para su libro “Diseña tu vida”. En el sitio www.design-your-life.org, ella y su hermana recolectan apuntes voluntarios (que son contribuciones de los interesados) sobre cosas que cada quién hace para facilitarse la vida y tener más tiempo para “respirar” y “pensar”. Son muy interesantes las anotaciones de personas de todas las edades y profesiones, que ilustran temas desde cómo se las ingenian para ordenar su ropa (ej. por colores, por estilos) de modo que sea más fácil encontrar lo que buscan, hasta ideas académicas sobre cómo cerrar el abismo entre la humanidad y la tecnología. Lo que tienen en común muchas de estas anotaciones, es que provienen de observaciones individuales de personas que han dado espacio a sus mentes para imaginar.

El famoso “thinking outside the box” (pensando fuera de la caja)
Escuchamos esta frase una y otra vez. En los seminarios de recursos humanos, en los libros de mercadeo, en fin… el ejercicio gráfico a continuación, ilustra específicamente a lo que se refiere la frase:

  • Dibujemos esta caja de puntos en nuestro “cuaderno” o en un pedazo de papel.
  • El objetivo es conectar todos los puntos con líneas (con cuatro de ellas se logra), sin permitirnos levantar el lápiz. Es decir, haciendo un trazo continuo desde que empezamos.
  • Pensemos “fuera de la caja”.

Podremos observar que para que esto sea posible, tenemos que salirnos de los límites del cuadrado. Está en nosotros mismos trascender los límites imaginarios que nos imponemos y “vencer al cuadrado”.

Mariana Núñez es Directora Creativa de Ají Pintao. Ha participado en diversos seminarios y cursos sobre creatividad, incluyendo “El Proceso Creativo”, por Mary Caddick, en Central Saint Martins College of Art and Design, Londres.

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