Cultura y Gastronomía

Mercados de pulgas y recovecos afines…

Para mirar, para comprar, para curiosear, para fascinarse, para “engramparse”, para coleccionar, para rebuscar, para encontrar, para salir del recorrido con tesoritos memorables o con chécheres innecesarios. Para eso y más, existen los

Mercado de pulgas: “Un lugar en el que mercaderes se reúnen a vender e intercambiar pertenencias. Los objetos que ofrecen son usualmente económicos y varían en su calidad, dependiendo de factores como la localización (ya sea rural o urbana) y área del país en la que se lleva a cabo, así como la popularidad y tamaño del mercado”. (Wikipedia)

Uno de mis más tempranos amores fue Salsipuedes. Aún me magnetiza con sus cintas de colores de satín, trenzas de mentira para la niña que tiene que bailar “enmontunada”, números de Vanidades de décadas pasadas, manuales de ejercicios de Charles Atlas, pócimas para el mal de ojo, y al asomarse la luz “al final del túnel”, carretillas de buhoneros con frutas y vegetales…

“Sal si puedes”: la frase bien podría ser un reto para cualquier amante de los mercadillos, de sus objetos inusuales, “vividos”, que tienen la capacidad de convertir un día cualquiera en un día de gloria… Porque para quienes “tripeamos” la experiencia de recorrer mercados, sus gentes, puestos y vendutas, nos atraen como imanes… y los laberintos de sus fascinantes conjuntos e historias, resumidas a veces en un cofre pintado a mano por la abuela de un desconocido, o en una lámpara kitsch que alguna vez colgó sobre un bar remoto, no nos dejan escapar fácilmente de sus adentros.

De paseo antropológico

Los mercados de pulgas, buhonerías populares y mercados artesanales son como grandes entes con vida propia… Al alba, los encargados de los puestos van apareciendo con sus cargamentos de “colecciones excéntricas”, artesanías, antigüedades, prendas de segunda, en fin… Toldas se van abriendo, mientras calles se van cerrando, y lo que un día era un lote vacío o una galera inanimada, al siguiente se convierte en una gran feria llena de personajes peculiares y un público asiduo y recurrente, que se mezcla con turistas, trotamundos, artesanos y coleccionistas.

Todo esto para, en esencia, hacer algo que por siglos hemos hecho los humanos: intercambiar algo que tenemos, por algo que queremos. Y la belleza de hacerlo en un mercado de pulgas es que añade un encanto y una singularidad en la experiencia en sí, que nuestra manera típica y contemporánea de consumir en malls y tiendas por departamento nunca tendrán. La riqueza cultural y artística que se conjuga en cada uno de estos mercados hace que recorrerlos sea mucho más que una búsqueda de material deseado; hace que sea, más bien, un paseo para el deleite de los sentidos.

Colecciones y coleccionadores

Recorriendo los mercados de pulgas, se hace evidente la pasión de tantos por “coleccionar”, tanto de quienes ofrecen, como de quienes buscan. Usualmente, los puestos de venta se “especializan” en un tipo de artículo. Podemos encontrar un puesto que ofrece únicamente los elepés de música pop de los 80, al lado de un puesto que sólo vende botellas antiguas. Siempre me ha resultado intrigante ver las colecciones que logra acumular la gente: fotografías antiguas de extraños, tipos de imprenta manual, libros de algún género, pines, máquinas varias del año de la pera (teléfonos, telégrafos, tocadiscos…), espejos, cucharas, en fin…

En un Farmer’s Market -ferias que hacen las comunidades granjeras- en Virginia, conocí a una pareja que coleccionaba y vendía cajas comerciales antiguas de madera (de las que se usaban en siglos pasados para transportar mercancía en los barcos, por ejemplo). Fue tal mi fascinación con el tema que, aparte de comprarles varias cajas en una serie de ferias de la región, empecé a coleccionar yo también este tipo de cajones, los cuales hoy día conforman una parte importante de mi mobiliario doméstico (los uso modularmente formando estanterías y rincones que despiertan curiosidad y albergan, a su vez, pertenencias más pequeñas).

Buscando “ese algo” que no existe en anaquel alguno

En los mercados de pulgas, la mayoría de los objetos que encontramos, bien sea, son únicos, o de escasas existencias -muchas cosas que ya no se fabrican o comercian-, o son artículos creados por artesanos y/o artistas. Esto hace que “buscar, curiosear y comprar” en los mercados de pulgas, brinde una sensación de encuentro con un “tesoro”: la hamaca que no habíamos visto en otro lugar, las matriushkas (muñequitas rusas que van una dentro de otra) re-culturizadas, pinturas decorativas, brazaletes, el aparador restaurado que siempre soñé, el traje vintage que nos recuerda a alguna película italiana “sesentera”, o las letras del abecedario pintadas por un artesano de América del Sur.

¿Y por qué “de pulgas”?

Existen varias teorías sobre el origen del término “mercado de pulgas”. Según http://ididnotknowthatyesterday.blogspot.com éste es uno de esos términos cuyo origen es casi imposible de determinar con certeza. La teoría más popular propone que el término es una traducción literal del popular y original Marché aux Puces, gran bazar en el norte de París, que a su vez heredó dicho nombre por las prendas, según rumores infestadas de pulgas, que allí se vendían desde finales del siglo 17.

Mercadeando por doquier…

He convertido la visita a un mercado de pulgas en una actividad imperativa durante cualquier viaje que tengo la oportunidad de realizar. Hasta ahora, sigue siendo para mí una actividad efervescente y llena de sorpresas, cuyos recuerdos comparto a continuación:

 

Washington D.C. y alrededores

Eastern Market • Lo que para cualquiera podría ser un “very nice sunday”

Es: Un amistoso e histórico mercado en Capitol Hill, con una estructura física fija -fue creado a finales del siglo 19 y ha operado como tal desde entonces- alrededor de la cual los domingos se arma una agradable conglomeración de puestos adicionales.
Ofrece: Principalmente alimentos (una infinidad de productos frescos), flores, arte visual, manualidades o “crafts”, artesanías africanas a montón, accesorios de vestir, bisutería.
Se me pegaron: Un grupo de fotos de la antigua Zona del Canal de Panamá (de principios del siglo pasado), que incluían fotos del barrio en el que vivo hoy día y, además, las letras que conforman mi nombre en tipos de imprenta antiguos.

Georgetown Flea Market • Por favor, ¡alguien consígame un camión!

Es: Un pequeño mercado en una esquina desocupada del barrio de Georgetown, donde se encuentran fantásticos artículos para crear espacios encantadores.
Ofrece: Especialmente muebles de segunda (de todo tamaño y para todo presupuesto), objetos decorativos, algo de ropa y pinturas.
No me dejó irme sin: – Pedrito Altamiranda, pásame la maleta del buhonero, “plis”- peinadora, dos sillas imposibles de dejar atrás, mesitas auxiliares, lámparas, unas bandejas retro, botones de ropa (otra de mis debilidades), en fin…

Londres

Portobelo Rd. Market • Clase y deslumbramiento

Es: Una experiencia vital para los amantes de los mercados y una parada imperativa durante un viaje de placer a la clásica ciudad de los double-deckers.
Ofrece: Absolutamente de todo un poco, incluyendo, pero no limitándose a objetos antiguos de lujo, platería, cristalería, muebles, relojes, bisutería, libros, accesorios… lo que busques…
Marcó su huella en mí con: Un par de aros de anteojos estilo bibliotecaria de los años cuarenta, varios jarrones de vidrio de colores, un espejo de plata y un juego de guantes y bufanda, entre otros numeritos.

Camden Market • Florecitas rockeras y jackets de cuero

Es: Informal, alternativo, con actitud irreverente, y un enfoque contemporáneo.
Ofrece: Entre muchas otras cosas, música, accesorios funky, ropa de segunda, libros, expresiones artísticas, t-shirts ilustrados, muebles…
Se me pegó con: Una cartera, un gorro y una jirafa con su amiga rana (ambas de juguete, tipo años setenta).

Madrid

El Rastro • Nostalgia y autenticidad

Es: Utilitario, práctico, extenso, entretenido, tradicional.
Ofrece: De todo un poco, abundancia de ropa, chaquetas, bolsas, accesorios, infinidad de artesanías (contemporáneas y reinventadas muchas de ellas) y objetos de segunda.
Se me colgó: Por las orejas… Con unos aretes de pluma de pavo real que no me quité por meses.

Barcelona

Las Ramblas • Turistas, conglomeración y efervescencia

Es: Un punto de referencia dentro de la cuidad, y una tira larga de puestos cuyo recorrido termina a un cruce de calle del mar.
Ofrece: Entre un sinnúmero de cosas más, flores, souvenirs, prendas, juguetes españoles tradicionales, comida…
Me capturó con: Un evento de breakdance con seis pelaosde distintas nacionalidades que repetían su show cada cinco minutos al final de la hilera de puestos.

Bangkok (afueras)

El mercado flotante Damnoen Saduak • ¡De postal total!

Es: Como varios otros mercados flotantes (‘Talaat Naam’) en los alrededores de Bangkok, con los cuales comparte la peculiaridad de funcionar a base de canoas y a través de canales de agua donde intercambian vendedores y visitantes.
Ofrece: Principalmente frutas, verduras, alimentos y un sinnúmero de artículos locales, así como también gasolina, Coca Cola y otros productos “básicos” de consumo cotidiano.
No me dejó irme: Sin jurar a mis 21 años que era fotógrafa para National Geographic y tomar “no-sécuántas” fotos de su gente, colores y arquitectura rústica fascinante.

Sunday Market • Algarabía y caos asiático… fascinante

Es: Un mercado dominical bajo varias estructuras semicerradas, tipo “jardín de pindín” panameño.
Ofrece: Una variedad súper arbitraria de objetos de calidad media hechos en el país (portarretratos, adornos, cofres), infinidad de cestas, jabas, trabajo tejido…
Me enmarcó con: Una docena de portarretratos de madera, una colección de flores secas preciosas y unas telas decorativas que aún vibran por su colorido inigualable.

Buenos Aires

Feria de la Recoleta en Plaza Francia • Simpático paseo Bonairense

Es: Una feria de fin de semana (de jueves a domingo) principalmente de artesanías y creaciones regionales.
Ofrece: Tejidos, ropa, zapatos artesanales creados a la medida, accesorios curiosos, cuero, trabajos de filigrana en plata con piedras semipreciosas y gente encantadora.
Se metieron en mi maleta: Aretitos y accesorios de madera, un par de suéteres tejidos y unas chancletitas de cuero que capturan miradas a donde las llevo.

Roma

Mercado de Portaportese • Bulla, regateo y otras bellezas de Italia

Es: Amplio, variado, y saturado, con puestos en toldas, mesas y hasta en el piso (uno de los recuerdos que más conservo es ver metros, de metros, de metros de objetos desplegados en el piso a la intemperie).
Ofrece: De todo un poco, ropa, discos, antigüedades y muchos chécheres de segunda mano “italian retro”.
No me dejó irme: Sin ocho platos rojos, un póster de publicidad antigua de Coca-Cola (debilidad que no he logrado superar), una bandeja que unos puestos después encontré y que le hacía juego a los ocho platos.

Panamá

Mercado de Pulgas del Casco Antiguo • Encantador

Es: El primer domingo de cada mes en el Parque Catedral, y para qué contarte lo especial y agradable que ha resultado, si lo puedes visitar pronto. Allí nos vemos.

Fotos (en orden descendente):
Paul Panayiotou / Grand Tour / Corbis
Michael John Kielty / Corbis
Dennis Marsico / Corbis
Patrick Ward / Corbis
Franz – Marc Frei / Corbis

 

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