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Estambul: donde el oeste y el este se encuentran

Es la ciudad donde nació el cristianismo hace casi 2,000 años. Sus joyas arquitectónicas, como el Aya Sofía y la Mezquita Azul, son riquísimas en historia y han marcado el rumbo de la historia mundial.

Estambul es una ciudad de contrastes. Es donde el Oriente se encuentra con el Occidente, Europa y Asia se cruzan, lo moderno y lo antiguo van de la mano y donde el islam convive en armonía con su herencia cristiana, romana, bizantina, árabe y judía.

Es una ciudad rica en artes, tanto que será la Capital Europea de la Cultura en el año 2010. Es una urbe de tiendas pequeñas en calles peatonales de piedra, y de carreteras de último modelo al mejor estilo alemán; una metrópoli donde todavía se ven mujeres en burka caminando al lado de una vestida con la nueva temporada de Prada y Banana Republic.

Lo antiguo
Sultanahamed es la parte antigua, nuestro Casco Viejo pero con mil doscientos años más de historia, la Constantinopla que selló la dirección del cristianismo y que fue la capital del imperio romano de Oriente, o el Bizantino, y que luego, en 1453, fue conquistada por el sultán Mahamet II tras varios siglos de intentos. Es la ciudad amurallada, que huele a castaña y donde se respira historia. Aquí están las joyas arquitectónicas que superan, por su riqueza histórica y artística, expectativas.

Hagia Sofia, o Aya Sofía (que significa divinidad) es la muestra de la convivencia cultural de la ciudad. Construida originalmente como la cuarta iglesia más grande del mundo, alrededor del 500 D.C., tan solo un siglo después de la acogida del cristianismo y en pleno apogeo del imperio bizantino, con la conquista de Constantinopla por los otomanos, casi mil años después se convirtió en la mezquita personal del sultán. Entonces sus cúpulas adornadas con mosaicos e imágenes cristinas se taparon; se construyeron los cuatro minaretes típicos de un templo islámico y se adaptó, en todas sus formas, al islam. Se dice que el primer viernes después de la conquista, el sultán Mehemet II llevó a cabo sus primeras plegarias aquí.

En 1935, con la creación de la República de Turquía, Ataturk, el líder de la secularización, designó Aya Sofía como museo. Así, se comenzó a rescatar la herencia cristiana. Hoy día conviven, lado a lado, símbolos de ambas religiones: el nombre de Alá en árabe es vecino de una pintura que retrata al arcángel Gabriel.

Años después, el decimocuarto sultán otomano, Ahmet I, construyó la Mezquita Azul, llamada así por sus azulejos de ese color. Es una de las pocas mezquitas del mundo que se encuentra en uso (cierra una hora en tiempos de plegaria, que es anunciada por un altavoz a quienes habitan sus alrededores) que permite libremente la entrada a visitantes y a mujeres, siempre respetando sus normas –sin zapatos, cabeza cubierta–. Eso sí, las mujeres rezan en un lugarcito aparte, y ocupan menos del 10% de todo el espacio de la mezquita.

Otra reliquia arquitectónica del casco antiguo de Estambul es el Palacio de Topkaki, que fue la sede administrativa del imperio otomano –uno de los tres más grandes del mundo–. Hay que ir con zapatos cómodos si desea recorrer todas sus murallas: en total, son cinco kilómetros de piedra las que rodean el Palacio, con un área total que es del doble de El Vaticano.

Un poco más al norte, pero aún en Sultanahamed, se encuentra el Gran Bazar, un paraíso para quienes les gusta comprar. Es uno de los mercados cubiertos más grandes del mundo (58 calles, 4,000 tiendas y entre 250,000 y 400,000 visitantes al día, según cifras oficiales) donde se consigue –a regateo, claro– de todo: cueros, chales y pazminas, seda, narguiles (pipas de agua), disfraces de bailadores de vientre, tambores, juegos de ajedrez, joyas… Otras atracciones por ver en Sultanahamed incluyen el Hipódromo, una muestra de lo que dejó el imperio romano y, al sur, el bazar de especias.

Una Europa moderna
Así como Sultahahamed y sus áreas aledañas se consideran la “ciudad vieja”, Estambul también tiene una cara moderna, que se puede equiparar a las mejores metrópolis europeas. En este lado de la ciudad, las mujeres con la cabeza cubierta se ven en menor proporción, reemplazadas por trajes de moda, peinados atrevidos y jóvenes que escuchan pop y rock en turco. Es una Estambul de centros comerciales y grandes marcas, de tiendas por departamento y boutiques, de bancos y hombres de negocio.

En las vitrinas de algunas tiendas ya se ven precios en euros, pese a que la moneda oficial es la nueva lira, y el fútbol se respira, se siente y se vive como en cualquier otro país europeo. Esta Estambul es la que proyecta el gobierno ante su imperante entrada a la Unión Europea, que se estima se dé antes de la próxima década, en vista de que la República turca está cumpliendo las condiciones impuestas para su ingreso.

El Bósforo
La verdadera división física entre Asia y Europa es el río Bósforo, de más de 30 kilómetros de largo, que en turco se dice “Bogaziçi” y significa “estrecho”. Por un lado une el mar de Marmara con el mar Negro y, por otro, separa los dos continentes, Asia y Europa. Desde 1936, sus aguas se consideran internacionales, pero bajo control de Turquía.

Antes de llegar a él, y dividiendo también naturalmente lo viejo de la parte más moderna de Gálata, está el “Cuerno de Oro”, un puerto natural que ha influenciado la historia de Estambul y que se extiende por unos ocho kilómetros (desde la entrada del Valle hasta el Bósforo). En un día cualquiera se ve en sus orillas a gente pescando, o madres con niños admirando la cantidad de cruceros turísticos que lo recorren a diario. Hay diez puentes sobre este estrecho, siendo el más popular el de Gálata.

Pasear por el Bósforo es una experiencia ideal para notar los contrastes entre ambas orillas. Desde abajo se aprecia el cuarto puente más largo de Europa y séptimo del mundo, el de Ataturk, que une los dos continentes. Se estima que más de 200,000 autos y 600,000 personas pasan por él a diario.

En el lado occidental se aprecia la divinidad del Palacio Dolmabahçe, hoy el Museo Dolmabahçe, construido en el siglo XIX y usado como residencia de verano de Ataturk. También impresionante es el Palacio “Beylerbeyi”, que significa “el señor de los señores”, que ha recibido a grandes personalidades como el Rey Eduardo VIII y la señora Simpson, el emperador austriaco Francisco José y el Sha de Persia Nasreddin.

En el lado de Asia, cambia la fachada de las construcciones. Más allá se encuentra Kadikoy, con hallazgos arqueológicos que datan del IV milenio y del siglo VII A.C. El bazar de Kadikoy, por cierto, tiene un súper ambiente de compras.

Capital de la cultura 2010
Como una manera de unir a sus ciudadanos, en 1985 la Unión Europea decidió designar anualmente a un país para brindarle la oportunidad de dar a conocer su desarrollo cultural. La iniciativa ha sido exitosa y ha tenido un gran impacto cultural y socioeconómico por la cantidad de visitantes que atrae. Estambul es una de las ciudades seleccionadas para ser la Capital Europea de la Cultura en el año 2010 y ya se está preparando para brindar conciertos al aire libre durante los meses del verano, al igual que exposiciones de arte y otras actividades durante todo el año. Así, planear una visita a esta magnífica ciudad le permitirá ser testigo de la historia que por siglos ha emanado de este territorio, mientras disfruta de una oferta cultural digna de una metrópolis de fascinantes contrastes.

Fotos: Alfredo Máiquez
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Marti Ostrander de Carney

Colaborador de revista En Exclusiva