Ciencia y Salud

Un recorrido “verde” de primera

Este verano, nuevas exhibiciones y eventos fomentarán el espíritu conservacionista de sus visitantes en distintos puntos del país, enriqueciéndonos a todos como panameños.

El nuevo “Estanque de Tocables”, en el Centro Natural de Punta Culebra, ofrece a los visitantes una experiencia única: tocar y sentir de primera mano diversas especies marinas; logrando transformar la visión y respeto que inspiran estas y otras criaturas naturales.

 

Hace un par de años, en El Valle de Antón, algunos científicos recolectaron ranas doradas con la intención de luchar contra la amenaza de extinción que pesa sobre ellas. Entre tanto, en los bosques del Chagres, con paciencia y el mismo motivo, un equipo vigilaba el vuelo de un águila harpía. En Punta Culebra, ante la mirada atenta de los últimos mapaches que habitan a la vera de la calzada de Amador, educadores, científicos y guías conjugaban esfuerzos para lograr que el color de las estrellas de mar bastara para convencernos de cuidar los océanos. Pues bien, este verano vale la pena seguirle la pista a aquellas ranas doradas, las águilas y la fauna marina. Aquí van los datos básicos para disfrutar y llenarse de motivos para apoyar las iniciativas de personas y organizaciones que se empeñan en mantener en forma la biodiversidad de nuestro país.

Los “tocables” de Punta Culebra

Para llegar al Centro Natural de Punta Culebra solo es necesario tomar la calzada de Amador y doblar a la derecha un poco más adelante de la sede del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI es la sigla en inglés). El pequeño universo de Punta Culebra sobrevive a pesar de los embates del cemento y del incumplimiento de las medidas establecidas para que el “causeway” siga siendo uno de los lugares más atractivos de la ciudad de Panamá.

Este verano, el Centro Natural inaugura uno de sus proyectos más esperados: el “Estanque de Tocables”. El mensaje del Estanque es sencillo, impactante y de “duración prolongada”. La salud de los océanos y de los entornos cercanos al mar depende de la inteligencia de los seres humanos. La experiencia de ver y sentir los animales marinos conmueve, despierta la sana ambición de conocer más sobre cada uno y –está comprobado– es un estímulo casi “imborrable” para proteger la naturaleza.

En la sala de acuarios, grandes y chicos aprenden sobre peces, corales, tiburones y un sinúmero de criaturas que habitan nuestros mares.

El espacio recrea las texturas del litoral e incluye áreas para especies “tocables” del Pacífico y del Atlántico. En una atmósfera de luz controlada por mallas, las guías piden a los visitantes que se laven las manos y explican detalles sobre la “vida cotidiana”, la alimentación, la reproducción y las características físicas de las estrellas de mar, pepinos, erizos, cambombias, ostias perleras, caracoles y langostas. Siempre atentos a garantizar las mejores condiciones para cada animal, los guías colocan algunos ejemplares sobre las manos de los visitantes. La satisfacción de ese contacto perdurará durante horas. El espacio también incluye un estanque adicional para observar rayas.

En el Centro Natural, además, puede visitarse el bosque, que está lleno de pistas para ver perezosos, iguanas, aves, plantas y… ¡mapaches! Es su último reducto. En el litoral, un telescopio permite observar la actividad de las pozas: aves, caracoles, cangrejos y otros crustáceos están ahí, al alcance del ojo. En la sala de acuarios, no solo los peces, sino los corales vivos seducen a grandes y chicos. Con la ayuda de los guías y del atractivo material interpretativo, la pileta de las tortugas carey y los tiburones nodriza, así como cada espacio del Centro Natural, se convierten en una ventana al conocimiento este verano. Para mayor información, consulte: www.stri.org

Cheyenne, un majestuoso macho, será el principal protagonista de Festi Harpía, evento que se celebrará este verano en el Parque Municipal Summit, para fomentar la conservación del águila Harpía.

Festi Harpía y “Tus aventuras en Summit”

La tala y la degradación de los bosques es la principal amenaza para el ave nacional, por eso el vuelo del águila Harpía es una señal inequívoca de que los bosques panameños podrían gozar de buena salud. A finales del verano, en el Parque Municipal Summit se celebra Festi Harpía, un evento que incluye bailes, charlas, pintura, juegos y paseos para reconocer los esfuerzos que realiza Panamá para evitar la desaparición de esta ave. Por supuesto, es imprescindible admirar en vivo a Cheyenne, un majestuoso macho de cerca de 40 años; o, si se prefiere, es posible apreciar de cerca todos sus movimientos en la pantalla instalada en el remodelado Recinto del Águila Harpía que también incluye información detallada y objetos relacionados con el ave.

¿Hace cuánto no visita el Summit? Pues vale la pena actualizarse. El parque sigue siendo el hogar de una de las mejores colecciones de palmeras del mundo. El sendero de bambú es una invitación a disfrutar la vida. La nueva visión del parque evidencia nuestra responsabilidad sobre el futuro del macho de monte, el jaguar, los monos o las guacamayas que llenan los avisos de turismo, pero cada vez escasean más en la vida real. Cada verano, en “Tus aventuras Summit”, el parque ofrece un plan semanal para niños y adolescentes que incluye expediciones por el bosque, visita a senderos de la mano de especialistas, sesiones de fotografía, pintura y otras actividades artísticas y, por supuesto, la visita a Mundo Jaguar, el impresionante entorno construido para garantizar las mejores condiciones a Denver y Ancón. Esta pareja de jaguares y los elementos interpretativos de este y otros espacios confirman el papel del parque en “la conservación de la vida silvestre panameña y su compromiso con la investigación científica de nuestra riqueza y nuestra biodiversidad”.

La visita al Summit es una maravillosa puerta de entrada para aquellas personas jóvenes y maduras que aman la ciencia y la naturaleza, y quieren incorporarse al programa de voluntarios del parque en cualquiera de sus tres modalidades: botánica, zoología y educación ambiental. Para mayor información sobre las actividades de verano en el Summit, visite http://www.summitpanama.org.

En el Centro de Conservación de Anfibios de El Valle de Antón, un macho adulto de rana dorada reposa sobre una hoja dentro del exhibidor principal, dando la bienvenida a este sorprendente recinto que cuenta con 32 especies de anfibios panameños, algunos en peligro de extinción.

Ranas con suerte

Son pequeñas, amarillas como el guineo, tienen pequeñas manchas negras, son uno de los símbolos de nuestro país y, como muchos lo han comprobado, atraen la suerte. Pero las famosas ranas doradas corren el peligro de extinguirse por dos razones básicas: estamos destruyendo los bosques y fuentes de agua donde viven, y fallecen como moscas víctimas de un hongo. En realidad, por esas mismas razones los anfibios se están extinguiendo en todo el planeta.

Desde la desaparición de los dinosaurios no se registraba una catástrofe de tales dimensiones. En el año 2005, en el zoológico de El Níspero, en El Valle de Antón, científicos panameños y de otros países, con el apoyo del Zoológico de Houston y STRI, iniciaron el camino para intentar detener la extinción de la rana dorada. Lo primero que hicieron fue recolectar ejemplares sanos y adecuar un espacio para garantizarles condiciones para sobrevivir. Aunque el escepticismo asomaba la nariz de tanto en tanto, se trabajó con esmero para lograr la reproducción en cautiverio de la rana dorada y de ejemplares de otras especies. Por fin, en mayo de 2007, ¡bingo! el equipo anunció al mundo que las ranas doradas se reprodujeron en cautiverio. Nacieron 700 renacuajos. La alegría puede prolongarse pues una rana dorada llega a vivir 8 años.

La iniciativa del equipo científico dio paso a la formación del Centro de Conservación de Anfibios de El Valle de Antón (EVACC, por sus siglas en inglés) que hoy forma parte del Departamento de Conservación y Ciencia de El Zoológico de Houston. En el Centro, además de monitorear el “estado de salud” de las poblaciones de ranas, sapos y otros anfibios de la zona, contar con individuos de 60 especies y lograr la reproducción de nueve especies, se utiliza una solución llamada Itroconazole para tratar el hongo que las ataca.

Finalmente, en el 2009, llegó la hora del público. El EVACC inauguró su Centro de Exhibiciones en el Níspero. El espacio, montado con los estándares de una muestra internacional, con un costo de 100 mil dólares, cuenta con 14 exhibidores en un área de 12 metros de largo por 8 de ancho.

La exhibición central está dedicada a la rana dorada panameña. Los terrarios ofrecen las mejores condiciones para sus “inquilinos”: 32 especies de anfibios panameños, algunas de las cuales están bajo amenaza crítica de extinción. Son animales que de otro modo los visitantes regulares nunca tendrían la oportunidad de ver, salvo en fotos. En cada ejemplar se esconde una sorpresa: el color, el tamaño, la textura, la forma de desplazarse o de permanecer inmóviles, y la información sobre sus características y sus hábitos son un estímulo para tomar en serio la amenaza de extinción que pende sobre ellos. El Centro está abierto todos los días, excepto los martes. Poder apreciar a estas criaturas en un recinto de primera calidad, con explicaciones detalladas, es un privilegio para Panamá, pues nuestro país es la sede del primer proyecto de conservación de esta magnitud en Latinoamérica.

De modo que este verano, la próxima visita al Valle de Antón debería incluir el recorrido por el Centro de Exhibiciones de Anfibios y, en la capital, planee un paseo
por el Centro Natural de Punta Culebra o por el Parque Municipal Summit. Sus sentidos y su alma de explorador se lo agradecerán.

Fotos de Punta Culebra: Cortesía de STRI
Foto del águila: Cortesía de Urs Hauenstein –
www.pty4u.com (por gestión del Patronato
Amigos del Águila Harpía)
Foto de las ranas: Cortesía del EVACC

 

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Sofía Izquierdo