Temas familiares

Fomentemos relaciones sanas

Podemos cuestionar muchas veces los diferentes estilos de relación que tenemos con los demás como una forma de autoevaluar la vida que llevamos. Esto es importante, ya que tendemos a buscar patrones ya conocidos, debido a nuestra crianza, lo que hace que resaltemos o aplaquemos aspectos de nuestra personalidad dentro de las mismas. Podríamos decir que hay personas que sacan lo mejor o lo peor de nosotros, dependiendo de lo que ambos creamos al estar juntos. Por esto, revisemos algunos puntos que nos ayuden a ver qué ocurre dentro de una relación sana y cómo podemos fomentarla.

– Con los bebés hay que permitir que dependan de nosotros al inicio de su vida, para lograr la independencia futura. Debemos ajustarnos a las necesidades del bebé para lograr crear un ambiente adecuado y seguro en relación con los padres. Si nos ajustamos a ellos y atendemos sus necesidades con amor y constancia, estaremos promoviendo que de adultos sientan confianza en sí mismos y muy probablemente buscarán relaciones que los hagan sentir valorados. Así sabrán lo que se siente ser amado y lo buscarán.

– Se permiten las diferencias. Esta frase sencilla tiene implicaciones emocionales inmensas en el ser humano. Va desde el simple hecho de aceptar una idea diferente a la nuestra hasta aceptar a la persona misma. Por ejemplo, si criticamos o rechazamos una idea de nuestros hijos o de nuestros compañeros de trabajo cuando es presentada, hacemos que la persona sienta que se tiene que defender y perdemos un momento para analizar opciones, cerrando la comunicación.

No solo debemos estar abiertos a las diferencias sino fomentar que existan. Es como cuando ves un cuadro en alguna galería y tu impresión es totalmente diferente a la de otros que lo ven a la vez. Cuando recoges el conjunto de todas las percepciones, tienes una imagen más completa del mensaje del cuadro y de qué quiso transmitir su autor.

– Lidiar con nuestras frustraciones, dudas y desaciertos como parte de la vida. La persona que siente que vive su propia vida, asume la responsabilidad de sus actos y puede celebrar sus triunfos. En cierta forma, utiliza las experiencias negativas para hacer una introspección y crecer de una forma más profunda como persona. Debemos establecer límites a los hijos para ayudarlos luego a tolerar las frustraciones.

– En relaciones adultas de pareja, la interdependencia es clave. Esto quiere decir que podemos brindar apoyo a la pareja, comprensión y cercanía afectiva a la vez que esperarla a cambio. Cuando cada miembro de la pareja acepta al otro y lo apoya en su crecimiento personal forman una unión, como un centro, que promueve el desarrollo individual a la vez que familiar.

– Vivir creativamente. Permitirnos no saber para poder inventar algo nuevo. Utilizar también lo que conocemos para crear algo que nos dé placer o nos permita sentirnos más satisfechos con nuestra vida. Es muy importante validar nuestro mundo interno, conocernos lo suficiente como para promover la búsqueda de satisfacción personal. Esto repercute en la familia directamente.

De acuerdo con el psicoanalista Donald Winnicott, “la salud social depende de la salud individual”. Un miembro que se preocupa por cuidar sus relaciones personales, se compromete y fomenta una interacción positiva en las mismas, está contribuyendo a que la sociedad mejore también su estilo de comunicarse, de pensar y, por ende, un ambiente más agradable. Somos seres sociables que necesitamos identificarnos con la sociedad, pero no perdernos en ella.

Cuando dos personas pueden discernir qué aporta emocionalmente cada uno en la relación y se hacen responsables de sus conductas dentro de la misma, están comprometidos a crear una base segura. Esta se da, si buscan satisfacer sus necesidades a la vez que tratan de entender las del otro. Podríamos decir que cuando tenemos la sensación general de que lo bueno que brinda una relación es mucho más que lo que falta, podemos pensar que estamos frente a una relación que promete ser sana.

 

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Anabella Sosa de Brostella