Temas familiares

La gran riqueza de los abuelos

Después de décadas de casados, su historia se convierte en parte de nuestra historia, de la cual hay mucho por aprender.

Los abuelos son parte de nuestra riqueza histórica y son quienes vivieron de primera mano eventos trascendentales para el país. Estas tres parejas nos narran encantadores recuerdos de antaño, e incluso desde su sabiduría comparten lo que se necesita para tener un matrimonio exitoso.

“Nuestra familia, la hemos gozado y la seguimos gozando” Moisés Emiliani e Ida Mercedes Valencia de Emiliani son una pareja para toda la vida. La sonrisa que se profesan después de 67 años de casados es muestra de la sencillez, calidez y amor que caracteriza su unión. Provenientes de una cuna humilde y criados en el Casco Antiguo, recuerdan con mucha gratitud y emoción los momentos que vivieron de jóvenes. Rememoran cómo fueron haciendo sus pininos para superarse, tanto económica como moralmente, convirtiéndose hoy en una pareja ejemplar.

“Nos conocimos en unos carnavales, me subió mi cuñada, la hermana de Moisés, en el camión de la comparsa. En el parque de Santa Ana lo vi, muy enmontunado, y ahí comenzó el idilio, para convertirse en un amor fuerte y duradero”, nos confesó Ida con su aire dulce y alegre que la caracteriza, mientras él comentó: “La encontré tan bella que me enamoré inmediatamente”.

En esa época pasaban las tardes bañándose y corriendo olas en las playas del Casco Antiguo. “Íbamos a la calle primera a pasear, vernos las caras y darnos el besito. Desde la calle primera hasta la sexta había playas limpias. Cuando la marea bajaba, Ida se iba con un martillito a romper ostiones”, recuerda Moisés, “Payún”, como le dicen sus familiares. “Antes de casarnos, alrededor del año 40, existía un automóvil llamado el Alacrán, que recogía a todos los menores de edad que estuvieran en la calle después de las 9:00 p.m. y los llevaba a la pesquisa frente a la Lotería. Ahí los tenían sentados hasta que llegaban los padres y pagaban cinco dólares”, recuerda Moisés, con un aire pícaro al contarnos que un par de veces lo tuvieron que sacar sus padres porque se quedaba en la calle hasta más tarde.

Moisés e Ida Emiliani reflejan el amor por el que han luchado después de convivir tantos años juntos, son una inspiración para todos los matrimonios y un ejemplo de que a pesar de las dificultades, un sí debe ser para toda la vida.

Les gustaban los paseos en coche, por el parque de Santa Ana, la Plaza 5 de Mayo, Bella Vista y sus alrededores. “Esos coches, generalmente de color chocolate, y su conductor, casi siempre un italiano, llevaban un farol de cada lado y se guardaban en calle J, en Patio Rotche. Otro bello recuerdo es del tranvía amarillo”, nos cuentan.

Ambos coinciden que uno de los momentos más difíciles que han vivido fue cuando súbitamente se enfermó Ida a causa de un aneurisma. “Para salvarle la vida, tuvieron que operarla. Los doctores y nuestra fe salvaron a Ida, paré todo por ser su guardián”, confesó con gran sinceridad Moisés. La enfermedad la tuvo varios meses inconsciente; cuando despertó, no recordaba muchas cosas. La perseverancia, el amor y la dedicación, junto con la paciencia de Moisés, les permitieron seguir creciendo como pareja. Sus hijos recuerdan y destacan, con gran emoción, cómo él se dedicó en cuerpo y alma a la recuperación de su esposa. En las tardes, la llevaba al hipódromo donde le volvió a enseñar a caminar y pasó muchas horas enseñándole a escribir de nuevo, hasta que recuperó todas sus facultades.

Como muy bien destacan, el matrimonio no es algo que se logra solo, es una danza constante en equipo donde hay fortalezas y debilidades. Aunque ambos trabajaban, Ida recuerda que siempre dedicaba tiempo a sus hijos y, por eso, compartieron el interés de enseñarles el legado del trabajo arduo, el ahorro y la importancia de compartir los domingos en familia, como era tradición en la casa Emiliani acompañado de arroz con pollo. “No hay que desperdiciar un minuto”, aconseja Ida con gran humildad a las parejas jóvenes.

El trabajo y la dedicación es algo que corre por las venas del matrimonio Emiliani Valencia. Cuando recuerdan, brotan lágrimas de satisfacción al haber logrado tanto, con tenacidad y entrega. Confiesan haber trabajado hombro con hombro, él por su sueño de fundar su empresa de refrigeración Grupo Friolín y ella, como secretaria en un banco de la localidad y a la vez a cargo de atender su hogar y su familia. Ida siempre ha estado al lado de Moisés acompañándolo en sus logros profesionales y como empresario.

“Siempre hemos pensado que el mundo es de los valientes, de los cobardes jamás se ha escrito nada y la educación juega un papel importante en nuestras vidas todo el tiempo”, comentan los esposos Emiliani, además de aconsejar a los matrimonios jóvenes “que se estudien muy bien uno al otro, especialmente los sentimientos. El carácter de cada uno, la parte espiritual, es esencial. Ahorrar es muy importante, para no tener tantas deudas. De recién casados, deben abrir una libreta de ahorros, apenas nace el primer hijo, pues se ven crecer paralelamente. Este dinero sirve para una reserva en momentos de emergencia”. Así lo hicieron ellos, así fueron construyendo un matrimonio, una familia, una empresa y hoy tienen la gran satisfacción de ver a sus nietos y bisnietos entre ellos.

EL ENCANTO DE JUBILARSE

Daisy y Carlos representan una pareja de abuelos actuales, modernos y llenos de vida, dispuestos a dejar a través de sus hijos el legado de que el trabajo arduo sí puede tener recompensas. Entre los ratos cosiendo una pollera, dirigiendo obras de teatro y cuidando a los nietos, Daisy y Carlos son una pareja que ha sabido disfrutar la vida.

Una pareja de abuelos dignos de ejemplo son Carlos y Daisy Williams. A sus 48 años de casados tienen la satisfacción de haber aprovechado su vida laboral hasta el momento de la jubilación. Para ellos, la vida se traduce en algo más que las carreras, el apuro y la tecnología. Carlos, a sus 75 años, y Daisy, a sus 71, reconocen que son abuelos activos, acordes con los tiempos que corren. Ambos aseguran que lo mejor que han podido hacer es jubilarse, es la meta que todos debemos tener. Quizás lo más admirable es cómo supieron prepararse para esta etapa de la vida, que muchos temen o consideran de inutilidad, y en la que ellos han logrado incluir un sinnúmero de actividades.

Guardan muy cerca del corazón los tiempos de antes: “Éramos muy respetuosos de las personas mayores. Cuando era pequeña, si un tío tenía un negocio y necesitaba ayuda, todos trabajábamos y le ayudábamos. Eso no es lo que se ve hoy en día, pero creo que es por la falta de tiempo”, explicó Daisy cuando recordaba las costumbres en las familias panameñas.

Coinciden en que es importante el tiempo que se comparte en familia . “Cuando nos casamos la vida era más tranquila, más ordenada. Mis hijos, los uso como ejemplo, salen del trabajo a las 7 u 8 de la noche”, explicó Carlos.

Pasear por el camino de los recuerdos es algo muy grato, sobre todo cuando se trata de las experiencias vividas: “Recián casados vivíamos arriba de Foto Halcón, en la vía Veneto. El parque de mi hijo mayor era la acera y ál era la mascota de la cuadra. Siento que los muchachos están tan entregados a su trabajo que no le pueden dar el tiempo suficiente a sus hijos y gracias a Dios los abuelos estamos para ayudar”, comentó Carlos.

Dedicados en cuerpo y alma a su familia y a su matrimonio, reconocen que parte de la razón por la cual vemos tantos divorcios hoy en día es por una afán material de poseer. Quizás en ápocas anteriores tambián existía, sólo que como ellos compartieron con su historia, ahorraban, una parte esencial en la vida matrimonial que quizás no se toma muy en serio. Cuando la pareja ahorra, tomar decisiones en conjunto hace más sentido. Para ilustrarnos mejor, compartieron sus inicios: “Cuando pudimos comprar nuestro terrenito en Villa Lilla, construimos la casa con un prástamo y nos mudamos con la casa casi pelada por varios años. Yo sembrá los papos de mi jardín”, compartió Daisy, quien junto a Carlos conforma una pareja admirable porque se ve en ellos el brillo de la satisfacción de haber criado bien a sus hijos, con esfuerzo y dedicación.

ENTRE LETRAS Y POEMAS: UN ROMANCE PARA TODA LA VIDA

Muchas personas aseguran que el matrimonio es como una planta, que si no se riega todos los días, corre el riesgo de morirse. El matrimonio del poeta y escritor José Franco y su esposa Roselia de Franco tiene el romance aun a flor de piel. El don que él recibió de poder transmitir con letras los sentimientos más sublimes le permitió enamorar a su esposa, mejor conocida entre sus allegados como “Chela”, quien asegura que siempre buscó un poeta, un intelectual. Lo consiguió, desde que eran compañeros en la Escuela Normal de Santiago, ella descubrió su talento que todavía evoca cuando lee las cartas que él le escribía durante su noviazgo, hace más de 60 años.

Nacidos en la provincia de Veraguas, son un ejemplo de que un sí puede ser para toda la vida. Recuerdan que en esa época la vida en Santiago era muy tranquila, una auténtica vida de pueblo, donde el centro de todo lo dictaba la Escuela Normal, un centro cultural de la época donde llegaron muchos profesores extranjeros e intelectuales a enseñar. “Cantaba en el coro de la escuela, nuestros ratos de diversión eran sanos. Lo que hacíamos todas las tardes era pasear por el parque del pueblo y después nos comíamos un helado en la refresquería”, recuerda Chela.

José y Roselia Franco cumplieron sus bodas de diamante este año. Él encontró en ella una mujer íntegra y fiel; y ella, el hombre de letras con el que siempre había soñado y cuyo homenaje hace unos meses, por parte de la Fundación Menéndez y la Alcaldía de Panamá junto con otros seis grandes de la literatura panameña, la llena de orgullo.

Después que se casaron, se mudaron a la capital. José se dedicó al periodismo y trabajó muchos años en RPC. Cuando salía del trabajo, en sus ratos libres era voluntario en la Biblioteca Nacional, que quedaba en el Casco Antiguo, muy cerca de donde ellos vivían. Para él, como escritor, fueron unos años de gran riqueza cultural, lo cual pudo transmitir a sus hijos: “Vivíamos en la calle primera y yo iba a la biblioteca todas las tardes porque hacíamos una reunión diaria con intelectuales de la época. Artistas de ese entonces, como Sinclair, brindaban charlas de arte, cine y literatura. Era voluntario numerando los libros y archivándolos y me enriquecí mucho de todos esos momentos. Fueron ratos muy alegres, alejados de los vicios”.

En ese entonces, el país aun era pequeño y se sentía el calor de un pueblo. “En esa época vivían muchos exiliados políticos tanto en la capital, como en el interior, por lo que era un ambiente cultural diferente, había muchos coros, ballets y siempre en todo pueblo el parque era el centro y punto de encuentro de los enamorados”, explicó Franco.

Este año la pareja celebró sus bodas de diamante y ambos coinciden en que la familia es una siembra que se convierte en el centro de la vida misma. Con 14 nietos y 11 bisnietos, sienten una gran satisfacción de haber criado a sus hijos como lo hicieron, rodeados de valores morales en conjunto con un ambiente cultural que se vivía en el país en esos años.

La etapa de ser abuelos, dicen muchas personas, es el mejor momento de la vida, tener la sabiduría que da la experiencia y la seguridad que dan los años, es algo invalorable. Estas tres parejas de abuelos han llevado vidas ejemplares de amor al prójimo, a sus familias y a su país. Lo principal es llegar donde han llegado, poder contarlo y compartirlo, porque en eso está la riqueza que heredamos de ellos.

RECUERDOS DE ANTAÑO

  • Los teatros El Amador, cuando se podían ver dos películas por 25 centésimos, como el Perro Rintitín.
  • El Teatro Cecilia, en la Ave. Central, frente a la Fuerza y Luz.
  • El Teatro Variedades, enfrente de la iglesia Santa Ana.
  • El Café Coca-Cola, frente a Santa Ana, famoso porque reunía a los políticos y no políticos de Panamá.
  • El famoso Lole-Loco, que les distraía tanto en la calle y con tanta gracia.

Datos compartidos por los esposos Emiliani.

Fotos: Geovanni Hernández
Cortesía de familia Emiliani

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Juliana Valderrama

Periodista y escritora apasionada, trabaja como freelance para diferentes publicaciones donde escribe de temas variados. A lo largo de su carrera se ha destacado por disfrutar las entrevistas y conocer personajes interesantes de quienes descubre detalles que enriquecen las historias.