Viajes

Cerdeña, paraíso escondido del Mediterráneo

Cerdeña es todavía uno de esos paraísos terrestres por descubrir, que continúa fascinando al visitante con sus calas recónditas, sus paisajes irreales y sus majestuosas playas de agua cristalina.

Ubicada en el centro del Mediterráneo Occidental, al sur de la isla de Córsica, Cerdeña es la segunda isla más grande del Mediterráneo, después de Sicilia, y tanto su geografía como su historia son un patrimonio que vale la pena descubrir.

La isla de Cerdeña o Sardegna, en italiano, fue inmortalizada en la literatura de D. H. Lawrence en 1921, luego de un recorrido de nueve días por la isla junto a su esposa. The Sea and Sardinia documenta las tradiciones del lugar, las que casi un siglo después parecen no haber cambiado mucho. El vivir sardo es todavía arte, que atrae a los que disfrutan los placeres simples, o aspiran descifrar el secreto de longevidad de esta isla paradisíaca. Además de albergar uno de los paisajes más bellos del Mediterráneo, Cerdeña se enorgullece de contar con el mayor número de personas centenarias en el mundo.

Pero, ¿por qué Cerdeña?, se pregunta Lawrence.
– Porque Cerdeña es como ningún otro lugar, sin historia, sin fecha, sin rastros. Porque permanece afuera del circuito de la civilización.

Elaborados con la vieja tradición pastoril, los quesos de Cerdeña son verdaderas delicatessen.

La identidad sarda es la única en todo el Mediterráneo que se construye sobre la base de la cultura nurágica, establecida en la isla desde el siglo VI a.C. El pueblo nurágico, del que se sabe muy poco, ha fascinado a arqueólogos y levantado cantidad de mitos. Sus numerosos vestigios, los nuraghe, impresionantes piezas de arquitectura monolítica esparcidas a lo largo de la isla, abren cientos de interrogantes; existen más de siete mil en toda la isla, los que se explican como fortalezas de defensa, como templos de gran fuerza espiritual, o incluso, como casas de gigantes. La cultura nurágica también se conoce por haber desarrollado una metalurgia relativamente avanzada, y en el Mediterráneo alcanzó fama por su producción de bronce.

Pero la cultura sarda también se forja a partir de las innumerables ocupaciones a lo largo de su historia: fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos, pisanos, genoveses, aragoneses, todos desfilaron con el interés de poseer ese preciado punto estratégico para desarrollar el comercio con Europa, dejando filtrar para siempre matices de su propia cultura dentro del tejido original. Para algunos, la auténtica cultura sarda se encuentra en el interior, cerca de las montañas, donde se refugiaron los nativos con el pasar de las invasiones costeras.

ALGHERO Y LA RIBERA DEL CORAL

Alghero es la capital turística de la isla, rodeada de olivos, playas de arena fina y lagunas salvajes de agua cristalina. Esta ciudadela catalana es un paso obligado en la Ribera del Coral, así denominada por los maravillosos fondos coralinos que la conforman. La ciudad cuenta con un importante aeropuerto internacional, conexiones de autovía a los principales puntos de interés en la isla y una excelente marina.

Los 656 peldaños de la famosa escalera de Cabirol son otra manera de acceder a la Gruta de Neptuno.

Algunos de los quesos se producen con las mismas técnicas artesanales que en la antigüedad.

Como muchas otras ciudades sardas, Alghero fue el centro de incontables ocupaciones, siendo la catalana la que más influyó en su historia. Su centro histórico, que data del siglo XII, es uno de los pocos que permanecen intactos en la isla. Entre sus callejuelas y escalinatas, se filtran los fonemas de un catalán medieval, mientras aparece la Plaza Cívica, la sencillez de la iglesia de San Francisco, o el Palacio d’Albis, donde el emperador romano Carlos V pronunció su famoso discurso antes de salir a pelear con los turcos en África. Alghero aún mantiene firmes sus murallas medievales, donde los enamorados todavía presencian atardeceres memorables, los locales degustan de un aperitivo con vista al infinito y los turistas esperan ansiosos entre las filas de restaurantes que proponen las notas de su herencia culinaria: la paella y la crema quemada, una variante de la crema catalana hacen parte del repertorio. Pero el plato estrella, sin duda, es la langosta a la catalana.

Uno de los cientos de pequeños paraísos perdidos esparcidos por toda la isla.

La manera más fácil de conocer Alghero es dejándose llevar con sus sabores o perdiéndose entre las arcadas y los escaparates de joyas antiguas de filigrana e incrustaciones de coral. En las horas de la mañana, en el mercado o en las finas epicerías, se presentan lo mejor de los productos locales: pecorino sardo, fiore sardo, vaccini, ricotta, molli de pecora, algunos de los quesos que se producen con las mismas técnicas artesanales que en la antigüedad. La bottarga, por ejemplo, a base de huevos de mujil, atún o pez espada, es considerado el caviar mediterráneo y se prepara hoy de la misma manera que utilizaban los fenicios, acompañando los mejores platos de pastas.

El secreto de longevidad de los sardos se fundamenta sobre su dieta y su estilo de vida, ligado a la devoción familiar. En el menú típico sardo abunda el aceite de oliva, se bebe vino tinto con moderación y se consume altos contenidos de omega 3, los que se encuentran, por ejemplo, en el queso pecorino. Los vinos sardos son muy apreciados y según cuentan los locales, eran considerados los mejores de Italia, junto a aquellos del Piamonte. El vermentino, por ejemplo, acompaña a la perfección todas las preparaciones de mariscos, mientras el cannonau, producido en las afueras de Alghero, es ideal para acompañar las carnes de montaña.

En piedra negra y blanca, la Basílica de la Santísima Trinidad de Saccargia es una joya de arquitectura románica-pisana. Antigua sede de una abadía benedictina, hoy es un interesante punto de la visita turística.

Los alrededores de Alghero ofrecen espléndidos sitios para el visitante. Sobre la línea de playas, merece una parada Fertilia, epicentro del kitesurf, o la playa de Bombarde, pequeña piscina natural. Desde Alghero es también posible aproximar el Parque Natural Regional de Porto Conte y Porto Ferro, una de las playas más salvajes del área. Capo Caccia, un poco más adelante, se asoma con sus acantilados milenarios y su famosa Grota de Nettuno o Gruta de Neptuno.

SASSARI, CIUDAD DE TRADICIONES

A unos treinta kilómetros hacia el interior, los tejados de Sassari se asoman y sus fachadas desteñidas atesoran el pasar del tiempo. Sassari es la segunda ciudad de Cerdeña y capital de la provincia que lleva el mismo nombre. La ciudad alberga una de las universidades más importantes, fundada en 1562 y dirigida durante años por un colegio jesuita. En Sassari, el visitante se transporta enseguida a otra época; entre las decenas de callejuelas, en ambos lados del Corso Vittorio Emmanuele, las ropas bailan con el viento, el anciano se asoma con ternura para admirar a los niños que juegan dentro de ese laberinto medieval, o la señora de piernas firmes camina a paso lento, mientras dirige una palabra de amor a su perro descuidado. Más adelante, a lo largo de la calle del mercado, sobreviven almacenes de víveres, o locales como el de aquel señor que desde años prepara con fervor su fainá, plato a base de harina de garbanzo, y teoriza que la evolución de la consciencia es la esperanza para un mundo mejor.

II Candelieri es una de las celebraciones más importantes de la ciudad de Sassari, en donde se rinde homenaje a la Virgen de la Asunción.

El puerto de Alghero está situado en la costa occidental de Cerdeña, sobre la ribera del Coral. Es punto de llegada de cientos de embarcaciones de todos los rincones del mundo.

Sassari está anclado a las viejas tradiciones y profesa el orgullo de sus profundos orígenes religiosos. La Faradda di li Candelieri, el 14 de agosto, es una de las festividades más importantes de la ciudad, desde hace siete siglos. La celebración consiste en una procesión rítmica que pasea engalanada una larga estaca de madera de tres metros, adornada con cintas de seda, flores y velas. Desde las nueve de la mañana hasta medianoche, el candelieri desfila al ritmo de tambores e instrumentos de viento dentro del Casco Histórico. La gente fervorosa se asoma por las ventanas, esperando su turno para besar y reverenciar a ese candelabro, símbolo de gratitud hacia la Virgen de la Asunción.

Cerdeña es sin duda lugar de magia, que todavía inspira y absorbe la armonía de vivir. Como lo hizo D. H. Lawrence a través de los paisajes primitivos de esta fascinante isla, quien visita Cerdeña reafirma su creencia en ese poder de la humanidad, que persiste cuando reivindica su autenticidad.

 

TIPS:

  • A Cerdeña se puede llegar por aire o por agua. Existen tres aeropuertos, en Olbia, Alghero, Cagliari, o servicios de ferry desde Córcega, Roma, Génova, Sicilia y otros puertos del Mediterráneo. Compañías de bajo costo como Easyjet o Ryanair ofrecen atractivas promociones desde las principales ciudades europeas.
  • La mejor manera para recorrer la isla es en carro. No hay autopistas, pero la 131 cruza prácticamente toda la isla.
  • Otras ciudades y lugares de interés: Olbia y la Costa Esmeralda, Oristano, Cagliari, Nuoro.

Fotos:
© Grand Tour / Corbis
© Doug Pearson / JAI / Corbis; © Atlantide Phototravel / Corbis
© Bruno Morandi / Robert Harding World Imagery / Corbis;
© Bruno Morandi / Hemis / Corbis
cortesía de la autora; © Pietro Canali / SOPA / Corbis

 

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Ana Carolina Fong

Colaborador de revista En Exclusiva