Cuerpo y Alma

Diferencias generacionales

Gran parte de mi tiempo y mi energía giran alrededor del trabajo. Me cuesta darme permiso para tomar vacaciones y, cuando lo hago, siempre tiendo a llevar trabajo conmigo. Me han llamado ”workaholic“ y no precisamente como un cumplido. Parece que soy representante de algo llamado generación de los baby boomers: aquellos que nacimos entre principios de los años 50 y mediados de los años 60.

Otros pertenecen a la llamada generación X. Nacieron entre mediados de los años 60 hasta mediados de los años 80 y, aparentemente, son más estructurados y hacen un mejor balance trabajo-familia en sus vidas. Además, existe la generación Y, los nacidos entre mediados de los años 80 hasta finales de los años 90. Aparte de estar conectados al ciberespacio desde adolescentes, tienden a buscar con ahínco su propio camino, a convertirse en emprendedores y no respetan demasiado la autoridad.

Mientras que muchos baby boomers hemos sido leales a una compañía y nos sentimos orgullosos de ello, la generación X parece estar mucho más abierta al cambio, y muestra mayor facilidad para reinventarse laboralmente una y otra vez. Más aún, para los baby boomers el trabajo no tenía que ser demasiado satisfactorio, pero las generaciones X o la Y parecen estar poco dispuestas a transar si no encuentran pasión o ”un trabajo que los llene“. Además de salario, quieren significado. El trabajo debe ser divertido y estimulante, y no les da miedo arriesgarse. Para los que pertenecemos a las generaciones mayores, el tema del trabajo era más sencillo: un buen trabajo pagaba bien.

No sé si es producto de las generaciones o de otra cosa, pero sí observo que entre los grupos de los adultos de 30 a 45 años de edad y entre los de 45 a 60 años hay algunas diferencias. Unos señalan que los otros ”no se sacrifican“, ”lo quieren todo fácil“ y ”no se comprometen a largo plazo con los trabajos“. Los otros dicen que los primeros ”dan mucha importancia a los títulos y cargos“, ”andan siempre estresados“ o ”se estancan por temor de intentar cosas nuevas“.

El escenario se torna aún más complicado cuando añadimos otras dos generaciones que conviven con las tres antes mencionadas. Son la generación M y la generación silenciosa. La generación M es aquella de los nacidos después del año 2000, que son niños o apenas entran a la adolescencia en el presente. ”M“ de multiconectada, multitecnológica, multinformada, multimedia y multimpactada. Han crecido acostumbrados a messenger y chatean todo el día. Juegan y buscan información para sus tareas en internet y para ellos no hay mundo si uno no está conectado.

La otra generación es la llamada ”silenciosa“. Son aquellos nacidos entre los años 30 y 40 del siglo pasado, quienes ahora tienen entre 70 y 80 años de edad y, como se dice, han visto de todo: varias guerras, múltiples burbujas económicas inflarse y explotar, ciclos económicos de bonanza y escasez, y que percibieron desde la llegada del radio de transistores hasta los iphones de hoy.

Para la mejor coexistencia de estas cinco generaciones, les brindo ciertas recomendaciones para trabajar, colaborar y aprender de cada una de ellas:
1) Reconocer que las diferencias nos enriquecen porque nos obligan a hacer más compleja nuestra visión del mundo. Las diferencias retan nuestra forma de trabajar y de ver la vida. Y todo eso nos hace crecer, madurar y mantenernos vivos y alerta.
2) No olvidar que el concepto ”generaciones“ es solo una forma de entender sociológicamente algunas diferencias entre las personas, pues todos tenemos comportamientos que se dice pertenecen a una generación diferente a la nuestra.
3) Evitar poner etiquetas a las personas por su edad o creer que existen límites exactos entre una generación y la otra.
4) Recordar que otras cosas como la cultura, la etnia, las experiencias familiares y la personalidad pesan mucho más a la hora de determinar en quiénes nos convertimos como personas.
5) Aprovechar las experiencias compartidas en común con personas de otras generaciones. Estos momentos encierran una oportunidad de aprendizaje y crean afinidad entre las personas que las comparten, fortaleciéndolas y creando una cultura.

En la convivencia entre generaciones, aprendemos todos a ser mejores. Dejar a un lado la actitud crítica ante diferentes formas de ver la vida nos enriquece a todos. Generaciones más grandes o más jóvenes simplemente tienen formas diferentes de ver el trabajo, las relaciones y la vida. Pero al final… todos somos lo mismo: un cúmulo de experiencias personales, sueños, frustraciones, esperanzas y los pequeños tesoros que somos los unos para la vida de los otros.

Artículo anterior

El sistema endocrino: regulador corporal

Próximo artículo

Un verano diferente

Carlos A. Leiro P.