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Panamá, unido por quienes más lo necesitan

A lo largo de los últimos meses, las organizaciones benéficas se han reinventado para seguir ofreciendo un apoyo constante a todas las personas y causas para las cuales trabajan, brindándonos ejemplos de tenacidad, perseverancia y creatividad.

El 13 de marzo de 2020 cambió el rumbo de nuestro país. Ese día Panamá se “cerró”.  Empezó a reinar el desconcierto, con colegios y negocios clausurados, todo el mundo en casa, salvoconductos escasos y una gran incertidumbre. En medio de esa situación sin precedentes, cientos de miles de panameños con necesidades apremiantes y especiales se vieron, de la noche a la mañana, bajo el inminente peligro de quedar desprotegidos.

Sin embargo, para las organizaciones sin fines de lucro que promueven el desarrollo social de Panamá y que trabajan a diario con los más vulnerables dándoles respuestas concretas, el cierre total declarado como estrategia nacional no fue excusa ni límite para quedarse de brazos cruzados. Ni una pandemia que pensamos duraría unos cuantos meses, ni el miedo de contagiarse, ni la parálisis general que se suscitó, detendrían su trabajo. Y la única posibilidad para seguir sirviendo sería reaccionando de forma casi inmediata, siendo creativos y empujando la carreta. He aquí algunos ejemplos, de los muchos que hoy podemos encontrar, que nos llenan de esperanza y confirman la certeza de que lo bueno se puede lograr.

Que no se apague la luz

La Fundación Luces ha hecho llegar medicamentos para la epilepsia a los rincones más apartados del país, luego de que el confinamiento causara más escasez de lo usual.

Quienes sufren de epilepsia enfrentan grandes dificultades para obtener sus medicamentos, incluso en tiempos normales. Medicamentos estos que son indispensables para que sus tratamientos no se interrumpan, situación que sería catastrófica. Muchos han puesto sus esperanzas en la Fundación Luces Panamá, pues saben que en ella tienen una aliada, no solo para proveerles las medicinas sino también apoyo emocional gracias a sus programas de integración familiar, social, laboral y escolar.

Con la cadena de abastecimiento interrumpida, aeropuertos cerrados y fronteras complicadas, Fundación Luces se pone en movimiento y busca apoyo para llegar a las 156 familias con mayor vulnerabilidad entre los 700 beneficiarios de sus programas. En conjunto con el Minsa (Ministerio de Salud) y la Embajada de México logran traer medicamentos no disponibles en Panamá. Alimenta una Vida les ayuda a llenar las necesidades alimenticias y la Fundación Sus Buenos Vecinos las de tecnología. Luego de nueve meses de pandemia, Fundación Luces Panamá sigue como un faro iluminando el camino de muchos.

La alimentación: responsabilidad de todos

Desde hace seis años el Banco de Alimentos Panamá se consolida para combatir el hambre, la desnutrición y el desperdicio de alimentos en el país. Hoy sus logros son monumentales. Su organización es tan eficiente y eficaz que durante los meses de pandemia ha sido el vehículo para que otras ONG puedan llevar alimentos a muchos de sus beneficiarios. No dejaron que la reducción en las donaciones de alimentos que recibían regularmente fuera un obstáculo. En marzo, junto con la Cámara Panameña de Desarrollo Social (CAPADESO) inician la campaña Alimenta una vida. Se suman las dos más importantes cadenas de TV, la empresa privada, donantes particulares y voluntarios. En alianza con 158 organizaciones sin fines de lucro y transcurridos siete meses se continúa llevando alimentos a un promedio de 30,000 personas, lo cual se traduce en doce millones de platos de comida. ¡Cada obstáculo que surge se supera, nada los detiene!

Y la educación ¿dónde queda?

La mención de educación y colegios nos lleva automáticamente a pensar en niños y jóvenes, pero ¿qué hay de los adultos que también se beneficiaban con programas educativos alternativos? CAPTA, de Fundación Calicanto, ofrecía un entrenamiento integral a mujeres a fin de capacitarlas para incorporarse al mercado laboral con un trabajo digno. Mujeres que son, en muchos casos, el eje central de su familia.

Solo dos semanas tuvieron que pasar para que la fundación reestructurara completamente su oferta. De entrenamiento presencial pasaron a clases virtuales, solicitando a sus benefactores que en lugar de libros y otros materiales didácticos impresos dirigieran los fondos a tabletas y tarjetas sim. De aprendizaje para un empleo, que nadie puede garantizar que seguirá existiendo, las alumnas aprenden ahora cómo manejar un emprendimiento y muchas no lo hacen solo para su beneficio económico personal, sino que se constituyen en apoyo a otros con mayores necesidades, donando parte de lo que producen. Es una cadena de favores esperanzadoramente larga.

Y la cultura contribuye a otro tipo de salud

La danza ayudó a muchos niños y niñas a sobrellevar el confinamiento

Gracias a la tecnología, el programa Enlaces ha podido seguir de forma virtual.

La Fundación Espacio Creativo aprovecha la danza y las artes escénicas para crear oportunidades y brindar herramientas a jóvenes en situación de vulnerabilidad. Atienden a una población de más de 350 niños y jóvenes en la ciudad de Panamá. Su programa Enlaces se enfoca en los componentes emocional, artístico y académico. Pero los jóvenes “asisten” a sus clases ¿o no? Por supuesto, y la pandemia les arrebató esta opción. Se escucha esa frase que se ha vuelto tan común “la brecha digital”. Luego de tocar muchas puertas una empresa de telefonía celular les ayuda con tarjetas sim con data ilimitada para 60 familias. Más adelante se suma UNICEF y logran llegar a 299 niños.

La belleza de la nueva modalidad es que toda la familia participa. Danza-cuentos (un programa para niños entre 0 y 8 años) ha resultado ser la estrella. La maestra lee un cuento usando una plataforma virtual y los muchachos hacen representaciones escénicas del mismo que han superado todas las expectativas de la Fundación.

 

No olvidemos el deporte

Cuerpo sano, mente sana, reza un viejo adagio, pero ¿qué hacer si no podemos salir de casa? ¿Qué hacer si en casa estamos hacinados y los ingresos de papá y mamá han desaparecido? Desde 2007, Fútbol con Corazón (FCC) ha utilizado el fútbol como herramienta para educar en valores y habilidades socioemocionales a niños y adolescentes. Con sus representaciones en seis países atienden a más de 70,000 jóvenes.

Llega la pandemia y nace “FCC en casa”. El programa consiste en entrenamientos que se pueden hacer en familia. FCC ofrece la metodología y los padres se convierten en entrenadores en casa. Nuevamente, se menciona “brecha digital”. Empezaron, pues, a enviar el material por WhatsApp y, en algunos casos, impreso. Padres y entrenadores se conectaron y son un equipo imbatible, atendiendo a cada uno de los miembros de su equipo de acuerdo con sus posibilidades.

 ¿Y los atletas especiales?

Olimpiadas Especiales es un programa profundamente arraigado en el corazón de la población panameña. En sus entrenamientos semanales, entre marzo y diciembre de cada año, participan 2,262 atletas de los dos años en adelante en once disciplinas distintas. Atletas para quienes el ejercicio y la distracción son vitales y quienes, frente a la pandemia, empezaron a extrañar y pedir sus actividades.

Montados en la plataforma Zoom y con WhatsApp, entrenadores y voluntarios modificaron sus programas para que los atletas pudieran hacer las disciplinas desde sus casas con lo que allí tuvieran: caminar sobre una línea recta, apañar, encestar una pelota en un balde… se reinventaron a tal punto que ampliaron el programa virtual para brindarles a los atletas actividades de aprendizaje que fueran más allá de los deportes, incluyendo diversas clases y actividades que los hicieran sentirse conectados y aprendiendo de temas que les interesaran, desde ciencia y experimentos, hasta repostería y arte. ¡No han parado! Otra innovación, el Festival del Atleta Joven, en que los chicos muestran sus “presentaciones” con videos, se ha destacado como uno de los favoritos de estos entusiastas participantes. Porque estas personas, al igual que sus familias, son realmente especiales y así lo demuestran en cada clase.

La esperanza vive

Casa Esperanza ha atendido a sus beneficiarios a domicilio.

Mantener a los niños fuera de la calle y sus peligros es el reto de Casa Esperanza y frente a la situación de crisis que se instaló en gran parte de la población objeto de sus programas el peligro aumentaba exponencialmente.

Es bien sabido que aprender con hambre es casi imposible, por lo que inicialmente se pusieron en movimiento para garantizar que a las familias que atienden les llegaran los alimentos necesarios. Para la atención académica virtual, a la fecha, han entregado 448 dispositivos electrónicos y 980 tarjetas sim para data.

Se ha incluido capacitación en el área de salud para toda la familia, así como la distribución de kits sanitarios. Cada día es un reto, ante un problema resuelto surge otro, pero la trayectoria de Casa Esperanza ha demostrado que en cada reto se encuentra una oportunidad de superación.

Rescatando la sociedad a través de los niños

Un niño sano se convertirá en un adulto sano, pero la salud va más allá de la ausencia de enfermedades. Se requiere educación, buena alimentación y suficiente apoyo para promover una sociedad que más que depender del asistencialismo sea capaz de generar proyectos autosostenibles que le permitan independencia en todos los aspectos.

Así es como la Asociación Pro-Niñez Panameña fundamenta el grueso de sus proyectos en la mancuerna nutrición-educación. Y lo hace en áreas remotas con situaciones de riesgo severas. Uno de sus proyectos modelo es la Escuela San Pedro Nolasco, en Arraiján, en la que se atienden 480 estudiantes con horario extendido. La escuela nunca cerró, tan pronto vino el cierre escolar inició la educación por medios virtuales, primero WhatsApp y luego por una plataforma educativa. Hoy 100% de sus estudiantes están “conectados” y recibiendo el material y la orientación necesarios para que su año escolar sea fructífero.

Para la región de Cañazas y Ñürum se han suplido las necesidades nutricionales en 75 comunidades que suman 2,500 familias. La educación se ofrece no solo a niños sino también a los adultos, concentrándose esta en programas de huertos y producción de semillas especiales que contribuyan a que sus plantaciones resulten en una verdadera solución alimentaria. Semillas especiales de arroz y el uso de lombrices para la producción de abono son solo un par de ejemplos.

Hay mucho que contar sobre cada una de estas organizaciones sin fines de lucro y sobre muchas otras que no han dejado que la pandemia las detenga. El panorama, por momentos alentador y a ratos muy deprimente, muestra ciertas coincidencias en los testimonios de todas: hay trabajo en equipo, pero no solo del equipo de las asociaciones y sus voluntarios, sino de familias enteras que han optado por quedarse con lo bueno y poner de su parte para salir fortalecidas de esta crisis. Porque cuando se trabaja por el bien de los demás, no hay pandemia que los detenga.

Fotos: Cortesía de organizaciones sin fines de lucro.

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Julieta de Diego de Fábrega

Colaborador de revista En Exclusiva